Spes_Dentro_03-11-2026-Vida_construye_fuera

Publicado el 3 de noviembre de 2026, 20:32

La vida también se construye fuera

Conocer las necesidades, compartir responsabilidades y sostener la esperanza desde el trabajo cotidiano

SPES · Desde Dentro | martes, 3 de noviembre de 2026


Una persona puede estar preparándose para recuperar la libertad y no saber todavía dónde vivirá, cómo atenderá sus necesidades de salud o qué posibilidades encontrará para trabajar. Otra puede necesitar orientación sobre una situación que afecta a distintos servicios y profesionales, sin tener suficientemente claro a quién debe dirigirse. Y hay quienes, después de años de cumplimiento, se enfrentan a dificultades que no siempre hemos sabido anticipar ni atender adecuadamente.

Son situaciones distintas, que conocemos en mayor o menor medida desde nuestra experiencia de voluntariado y que tienen algo en común: nos obligan a preguntarnos qué sucede después de identificar una necesidad. Porque escuchar, acompañar y orientar son tareas valiosas, pero su utilidad puede verse limitada cuando la respuesta requiere recursos a los que no conseguimos acceder, intervenciones que no encuentran continuidad o decisiones que corresponden a otras personas e instituciones.

No siempre conocemos suficientemente las causas de esas dificultades. Tampoco podemos atribuirlas indiscriminadamente a quienes trabajan en los servicios públicos, a los procedimientos establecidos o a las circunstancias personales de quienes solicitan ayuda. Pero la prudencia que exige comprender una situación no debería confundirse con la resignación ante ella.

Para poder cuidar hay que conocer. Y cuando conocemos, adquirimos también la responsabilidad de preguntarnos qué podemos hacer con aquello que hemos aprendido.

Durante estos meses hemos intentado que esa convicción encuentre una expresión cada vez más concreta en nuestro trabajo. No mediante grandes declaraciones ni proyectos presentados como soluciones definitivas, sino a través de la presencia cotidiana, la formación, el estudio de necesidades, la colaboración con otros y la disposición a revisar nuestras propias actuaciones.

Porque la vida continúa dentro de prisión, pero muchas de las respuestas que necesitamos encontrar, y buena parte de las condiciones que pueden favorecer una incorporación responsable a la comunidad, también tendremos que construirlas fuera.


De las necesidades conocidas a las respuestas posibles

Quienes participamos en el voluntariado penitenciario sabemos que una conversación puede abrir cuestiones mucho más amplias de lo que inicialmente parecía. Una preocupación familiar puede relacionarse con dificultades económicas o de comunicación; una enfermedad puede añadir incertidumbre al cumplimiento de una condena; y la preparación de una salida puede exigir recursos, decisiones y apoyos que no dependen exclusivamente de la persona ni de quienes la acompañamos.

A veces podemos ofrecer una orientación suficientemente fundada. En otras ocasiones debemos reconocer que necesitamos acudir a profesionales o instituciones con competencias y conocimientos diferentes. También encontramos situaciones en las que una actuación se ha realizado correctamente y, sin embargo, la necesidad que pretendíamos atender permanece sin resolver.

Esta última circunstancia merece especial atención.

Existe una diferencia entre desarrollar una actividad y comprobar que ha servido para aquello que pretendíamos. Podemos facilitar un contacto sin saber si la persona llegó al recurso adecuado; preparar una intervención y descubrir después que no habíamos considerado alguna dificultad relevante; o comprobar que las necesidades identificadas superan las posibilidades de los servicios disponibles.

Reconocerlo no desmerece el trabajo realizado.

Nos permite examinarlo con mayor honestidad y decidir si conviene mantenerlo, modificarlo o buscar otras formas de intervención.

En otras entradas de este blog hemos hablado de una «esperanza con método» (Programa Tres Pilares, 2026a). Aquella expresión nació de la preocupación por evitar que nuestra presencia se agotara en las buenas intenciones. Desde entonces hemos seguido aprendiendo que la esperanza necesita perseverancia, pero también conocimiento, capacidad de revisión y disposición a rectificar.

Por eso estamos procurando avanzar hacia formas de trabajo que nos permitan identificar mejor las necesidades, conocer los recursos existentes, valorar las posibilidades de orientación o derivación y comprobar, cuando sea legítimo y posible, si la atención ha encontrado continuidad.

No pretendemos convertir cada gesto de acompañamiento en un expediente ni reducir las relaciones humanas a indicadores. La escucha, la cercanía y la confianza tienen un valor que no siempre puede expresarse mediante una cifra. Pero tampoco deberíamos utilizar esa dificultad para eludir la evaluación de aquello que sí podemos conocer y mejorar.

Hay una exigencia de responsabilidad en ambas dimensiones.

La sociedad de los cuidados necesita personas dispuestas a ayudar, pero su funcionamiento no puede descansar exclusivamente sobre la generosidad del voluntariado. Necesita servicios públicos accesibles, profesionales preparados, procedimientos comprensibles, recursos adecuados y mecanismos de coordinación capaces de responder a necesidades que, con frecuencia, requieren la intervención de distintas administraciones y ámbitos profesionales.

Defenderlo no supone desconocer el esfuerzo de quienes trabajan en las instituciones, muchas veces bajo condiciones difíciles. Significa reconocer que también ellos necesitan disponer de medios suficientes y que señalar una carencia, cuando está documentada, debería contribuir a examinarla y corregirla, no interpretarse necesariamente como una descalificación de su trabajo.

Desde nuestra experiencia queremos participar en ese esfuerzo. Allí donde encontremos dificultades recurrentes, necesidades insuficientemente atendidas o posibilidades razonables de mejora, procuraremos estudiarlas con rigor y trasladar nuestras observaciones a quienes corresponda. La condición de voluntarios no nos atribuye competencias que no tenemos, pero tampoco debería impedirnos expresar, con fundamento y respeto, aquello que consideramos necesario revisar.

Y esta exigencia empieza por nosotros mismos.


Aprender a trabajar mejor

El Programa Tres Pilares, promovido por la Delegación de Pastoral Penitenciaria de Coria-Cáceres y la Asociación eScis, viene desarrollando su actividad desde una preocupación que cada vez ocupa más espacio en nuestro trabajo: cómo aprovechar lo que aprendemos mediante el acompañamiento para conocer mejor las necesidades de las personas y contribuir a encontrar respuestas adecuadas. No queremos que nuestra intervención termine necesariamente cuando concluye una actividad o se produce una conversación. Siempre que resulte posible, queremos comprender qué dificultades hemos encontrado, qué recursos existen y qué podemos hacer para que las respuestas tengan continuidad.

Con esa intención iniciamos, durante el curso académico 2025-2026, nuestra colaboración con la Clínica Criminológica de la Universidad de Extremadura. Desde el principio entendimos que esta relación podía ofrecernos oportunidades de aprendizaje compartido. Nuestra experiencia cotidiana en el acompañamiento penitenciario permite plantear situaciones y necesidades concretas, mientras que el trabajo con la Clínica nos ayuda a examinarlas desde otras perspectivas, contrastar nuestras observaciones con el conocimiento científico disponible y estudiar posibles alternativas. No se trata de contraponer experiencia y ciencia, sino de aprovechar lo que ambas pueden aportar cuando trabajan conjuntamente.

Esa colaboración ha tenido también expresiones prácticas. La participación de estudiantes de la Clínica en actividades de acompañamiento y en salidas terapéuticas nos ha permitido compartir experiencias fuera del entorno habitual de la prisión y conocer mejor determinadas necesidades y posibilidades de apoyo. La salida celebrada el pasado 24 de octubre, en la que participaron nuevamente integrantes de la Clínica, constituye una muestra de esa continuidad.

Valoramos estas experiencias por las oportunidades de acompañamiento y conocimiento que ofrecen, sin confundir lo observado durante su desarrollo con una evaluación de sus resultados. También nos ayudan a reconocer dificultades y posibilidades de mejora que merecen seguir estudiándose.

Cuatro días después, el 28 de octubre, celebramos la segunda sesión de trabajo del curso actual de la Clínica Criminológica. Continuamos así una línea de colaboración que queremos consolidar progresivamente, relacionando algunas de las situaciones que encontramos con actividades de análisis, documentación e investigación. Se trata de identificar correctamente los problemas, distinguir los hechos de nuestras interpretaciones, conocer las fuentes y los recursos disponibles y examinar alternativas antes de formular propuestas.

Sabemos que este trabajo no siempre avanzará al ritmo que desearíamos. Algunas iniciativas podrán necesitar ajustes, otras encontrarán dificultades imprevistas y quizá debamos abandonar determinadas explicaciones cuando la información disponible no las confirme. Pero esto también forma parte del trabajo que queremos desarrollar. La colaboración con la Universidad debe ayudarnos precisamente a evitar que nuestras impresiones, por fundadas que puedan parecernos, sustituyan al conocimiento contrastado.

La Criminología tiene aquí posibilidades de aportación desde su carácter multidisciplinar e interdisciplinar, siempre en relación con otras profesiones y respetando sus respectivos ámbitos de competencia.

Los estudios sobre el desistimiento delictivo ofrecen, por ejemplo, perspectivas relevantes para comprender los procesos personales de cambio y el papel que pueden desempeñar los vínculos sociales y las condiciones en las que se desarrolla la vida de las personas. McNeill (2006) examina, desde este campo de investigación, las implicaciones del desistimiento para la práctica profesional y la necesidad de integrar el conocimiento empírico con las responsabilidades éticas de la intervención.

Para el alumnado, esta colaboración supone una oportunidad de aproximarse a problemas reales que exigen método, prudencia y capacidad de análisis. Para quienes participamos en el voluntariado, representa la posibilidad de contrastar nuestras observaciones, ampliar conocimientos y revisar la manera en que intervenimos. Y para ambas partes debería constituir, sobre todo, una invitación a desarrollar trabajos que puedan resultar útiles para las personas y los servicios implicados.

Todavía tenemos mucho que aprender y no pretendemos anticipar resultados. Pero sí queremos mantener este camino de colaboración, dedicarle el trabajo que requiere y comprobar progresivamente qué aportaciones podemos realizar. La utilidad de nuestra relación con la Clínica no dependerá del número de sesiones celebradas ni de las actividades compartidas, sino de nuestra capacidad para convertir lo aprendido en conocimientos más sólidos y, cuando resulte posible, en propuestas de mejora suficientemente fundamentadas.


Las responsabilidades también necesitan encontrarse

Nuestro trabajo con la Universidad forma parte de una convicción más amplia: las necesidades de las personas no pueden quedar encerradas en los límites de nuestras organizaciones.

La Pastoral Penitenciaria tiene una motivación y una identidad propias. Entramos en prisión desde nuestro compromiso cristiano, convencidos de que la dignidad de una persona no desaparece por la gravedad de los actos que haya cometido, aunque estos exijan responsabilidad y hayan causado daños que no podemos minimizar.

Las víctimas merecen protección, reconocimiento y reparación; las familias pueden encontrarse afectadas por situaciones que no eligieron; y la sociedad tiene derecho a exigir seguridad y justicia. Reconocer estas realidades no es incompatible con mantener abierta la posibilidad de que quienes han delinquido desarrollen procesos responsables de cambio.

Pero nuestra motivación cristiana no nos proporciona por sí sola los conocimientos, los recursos ni las competencias necesarios para abordar todas las necesidades que conocemos.

Al comenzar el curso pastoral dirigimos una Carta abierta a nuestra comunidad diocesana (Programa Tres Pilares, 2026b), relacionando el lema «Volver al corazón, para encontrarse con Dios y con el prójimo», propuesto por nuestra diócesis (Diócesis de Coria-Cáceres, 2026), con lo aprendido en esta realidad que venimos llamando la ultraperiferia penitenciaria.

En aquella Carta expresábamos una preocupación que seguimos considerando vigente: especializar nuestra Pastoral no debería significar aislarla, ni dentro de nuestra Iglesia ni respecto de la sociedad civil.

El Concilio Vaticano II reconoció la importancia de la cooperación de los laicos con otras personas, también no cristianas, cuando existen valores y objetivos compartidos, y subrayó la necesidad de una formación adecuada a los diferentes ámbitos de actuación (Concilio Vaticano II, 1965, nn. 27-29).

El Evangelio de Lucas relata cómo el buen samaritano, después de atender al hombre herido, lo confía al posadero y aporta recursos para que continúe cuidándolo (Conferencia Episcopal Española, s. f., Lc 10,34-35). Francisco recuperó esta dimensión de la parábola en Fratelli tutti, al invitarnos a buscar a otros y asumir conjuntamente las responsabilidades que nos corresponden (Francisco, 2020, nn. 78-79).

No trasladamos a las personas encarceladas la condición de la víctima de aquella parábola. Nos interesa el proceder de quien reconoce una necesidad, asume su parte de responsabilidad y busca otras manos cuando comprende que no puede resolverla por sí mismo.

Desde esa perspectiva, nuestra colaboración con entidades civiles, universidades, profesionales y organizaciones sociales no constituye una actividad secundaria ni una concesión a planteamientos ajenos a nuestra identidad. Es una manera de ampliar nuestras posibilidades de servicio, respetando las convicciones y responsabilidades de cada participante.

En esta misma línea estamos dando nuevos pasos para colaborar con CONESCRIM en el desarrollo de iniciativas de estudio e intervención desde la Criminología. Después de preparar y compartir una propuesta de trabajo con la asociación, el próximo 5 de noviembre celebraremos una reunión técnica con sus asociados, convocada para comenzar a organizar los equipos y concretar los primeros encargos.

La iniciativa se encuentra todavía en una fase inicial, pero responde a una convicción que compartimos: la reivindicación del reconocimiento y la regulación profesional de la Criminología debe acompañarse de aportaciones científicas y profesionales rigurosas, contrastables y evaluables, capaces de mostrar su utilidad social. Queremos contribuir a demostrarlo mediante el análisis de necesidades, la investigación, el trabajo compartido con otras disciplinas y el desarrollo de propuestas rigurosas, contrastables y evaluables. Nuestra experiencia en el ámbito penitenciario puede ofrecer un punto de partida, sin agotar las posibilidades de una colaboración que, por su propia naturaleza, podrá extenderse a otros espacios de intervención.

Acudiremos a esta reunión con la disposición de aportar nuestro trabajo, escuchar otras propuestas y asumir las responsabilidades que razonablemente podamos sostener. Sabemos que organizar equipos, mantener su actividad y convertir las ideas en resultados exige tiempo, coordinación y perseverancia. Precisamente por eso, queremos construir colaboraciones que no dependan exclusivamente del entusiasmo inicial, sino de compromisos compartidos y de la voluntad de darles continuidad.


Noviembre: compartir lo aprendido y abrir nuevas posibilidades

Durante este mes tendremos dos ocasiones más para continuar ese diálogo en espacios distintos, aunque relacionados con cuanto venimos desarrollando.

El próximo sábado 14 participaremos en Miajadas en la Jornada Interdiocesana «Cristianos en la Vida Pública», dedicada a la sociedad de los cuidados. Compartiremos una mesa redonda con personas vinculadas a la sanidad, la atención a los mayores y las migraciones.

Nos interesa especialmente escuchar sus experiencias. Las necesidades sanitarias, la soledad, las dificultades económicas, los vínculos familiares o la ausencia de apoyos no pertenecen exclusivamente a un colectivo. También encontramos algunas de ellas en el ámbito penitenciario, aunque las circunstancias y las respuestas necesarias sean diferentes.

Quizá podamos reconocer posibilidades de colaboración que todavía no hemos sabido identificar. También podremos compartir las dificultades que conocemos y algunas de las preguntas que nos hacemos cuando tratamos de acompañar a personas cuyas necesidades requieren la participación de distintos servicios y organizaciones.

El jueves 19 participaremos en el XXII Encuentro de Representantes de Estudiantes de Criminología, en el ámbito del SIEC, con una intervención titulada «Tres Pilares y la Clínica Criminológica de la UEx: Criminología práctica al servicio de las personas».

Será una oportunidad para explicar el recorrido iniciado con la Universidad de Extremadura, contrastar nuestras inquietudes con otras experiencias académicas y profesionales y reflexionar sobre el lugar que puede ocupar la Criminología en el análisis y la atención de problemas sociales concretos.

Estos encuentros coinciden, además, con un momento de cambios y cuestiones pendientes en el terreno profesional e institucional.

La reciente reforma del artículo 80 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, en vigor desde el 15 de octubre, ha reconocido expresamente la condición de agentes de la autoridad a los funcionarios penitenciarios y ha incorporado nuevas garantías y medidas de protección para el personal de la Administración penitenciaria (Ley Orgánica 4/2026). Por otra parte, la disolución de las Cortes Generales dejó sin culminar la tramitación de la proposición de ley destinada a regular el ejercicio profesional de la Criminología, presentada pocas semanas antes (Congreso de los Diputados, 2026; Real Decreto 806/2026; Reglamento del Congreso de los Diputados, 1982, art. 207).

Son procesos diferentes, que responden a objetos y necesidades distintas. Nos recuerdan, sin embargo, la importancia de contar con funciones profesionales bien delimitadas, garantías jurídicas, formación suficiente y marcos institucionales capaces de aprovechar conocimientos especializados.

La regulación profesional de la Criminología continúa siendo una cuestión merecedora de atención. Entretanto, el trabajo científico, la investigación y la colaboración con otras disciplinas pueden seguir contribuyendo a fundamentar sus posibilidades de intervención y su utilidad social.

No acudiremos a los encuentros de noviembre para presentar un camino concluido.

Queremos compartir una experiencia en desarrollo y regresar con nuevas preguntas, conocimientos y posibilidades de colaboración.

Lo importante no será el número de actividades celebradas ni la satisfacción de haber participado en ellas, sino aquello que seamos capaces de aprender y trasladar después a nuestro trabajo cotidiano.


Lo que conocemos dentro hace que contraigamos compromisos fuera

Hay un aspecto de nuestra experiencia al que volvemos con frecuencia: cuando termina una actividad y atravesamos las puertas de la prisión para regresar a casa, las personas con las que hemos compartido nuestro tiempo permanecen allí, con sus preocupaciones y sus responsabilidades.

Nosotros recuperamos posibilidades de actuación que ellas tienen restringidas. No nos hace mejores ni nos concede autoridad sobre sus vidas, pero sí nos recuerda que podemos emplear parte de esas posibilidades para buscar recursos, mantener relaciones de colaboración o continuar estudiando dificultades que no deberían quedar olvidadas.

Las Reglas Nelson Mandela expresan una idea especialmente pertinente cuando recuerdan que las personas encarceladas continúan formando parte de la sociedad y que debe procurarse la cooperación de los recursos comunitarios en su reintegración (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2015, regla 88).

No se trata de sustituir las responsabilidades públicas ni de desconocer los derechos de las víctimas o las exigencias legítimas de seguridad. Se trata de reconocer que la respuesta a las consecuencias del delito y la preparación de la vida en libertad requieren actuaciones que trascienden los límites de una institución o de una profesión.

También el acompañamiento a las familias, la atención a quienes cumplen penas y medidas alternativas y el apoyo a quienes han abandonado la prisión plantean necesidades que merecen ser conocidas desde sus respectivos ámbitos y circunstancias.

No todas encontrarán respuesta en nuestro programa. Algunas no podremos atenderlas; otras necesitarán profesionales y recursos que están fuera de nuestras posibilidades. Y habrá actuaciones que debamos modificar porque los resultados no se correspondan con lo que esperábamos.


Seguiremos trabajando aun así

Queremos continuar entrando en prisión, acompañando a las personas que atendemos, preparando nuestras actividades, estudiando las situaciones que conocemos y buscando la colaboración de quienes puedan ayudarnos a responder mejor. Dedicaremos a ello el tiempo, los conocimientos y los recursos personales que nuestras circunstancias nos permitan, sin pretender que esa entrega nos dispense del rigor ni que nuestros esfuerzos merezcan reconocimiento por el solo hecho de realizarlos.

Y seguiremos señalando, cuando dispongamos de fundamento suficiente, aquellas dificultades que consideremos necesario corregir. Lo haremos desde nuestra voluntad de cooperación, pero sin entender que colaborar exige guardar silencio ante problemas que merecen ser examinados.

La esperanza, que da nombre a nuestro espacio editorial SPES, no nos garantiza por sí sola resultados favorables. Nos anima a perseverar, a reconocer nuestros errores, a modificar lo que no funciona y a no abandonar precipitadamente aquello que todavía admite posibilidades razonables de mejora.

En nuestra Carta abierta expresábamos el deseo de caminar con nuestra Iglesia diocesana y con quienes, desde otros ámbitos, puedan compartir esta responsabilidad. Al comenzar noviembre seguimos encontrando razones para mantener esa disposición y nuevas ocasiones para llevarla a la práctica.

Queda trabajo por hacer, dentro y fuera de prisión. Algunas de sus dificultades exigirán paciencia; otras, más conocimientos, recursos o decisiones que no dependen de nosotros. Pero también existen posibilidades de colaboración que podemos explorar y actuaciones concretas que está en nuestra mano continuar.

Queremos seguir aportando cuanto podamos, con generosidad y con la exigencia de hacerlo cada vez mejor.

Porque la vida continúa dentro de la prisión. Y muchas de las condiciones que pueden favorecer un futuro diferente también se construyen fuera, mediante las responsabilidades que cada uno esté dispuesto a asumir.


Referencias y fuentes

Asamblea General de las Naciones Unidas. (2015). Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Nelson Mandela) (Resolución A/RES/70/175). https://docs.un.org/es/A/RES/70/175

Concilio Vaticano II. (1965, 18 de noviembre). Apostolicam actuositatem: Decreto sobre el apostolado de los laicos. Santa Sede. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html

Conferencia Episcopal Española. (s. f.). Sagrada Biblia: Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/

Congreso de los Diputados. (2026, 25 de septiembre). Proposición de Ley por la que se regula el ejercicio profesional de la Criminología (Expediente 122/000302). Boletín Oficial de las Cortes Generales, serie B, núm. 360-1. https://www.congreso.es/es/proposiciones-de-ley?_iniciativas_id=122%2F000302&_iniciativas_legislatura=XV&_iniciativas_mode=mostrarDetalle&p_p_id=iniciativas&p_p_lifecycle=0&p_p_mode=view&p_p_state=normal

Diócesis de Coria-Cáceres. (2026, 8 de julio). La diócesis de Coria-Cáceres impulsa el documento «Volver al corazón» como guía pastoral para 2026-2027. https://diocesiscoriacaceres.es/la-diocesis-de-coria-caceres-impulsa-el-documento-volver-al-corazon-como-guia-pastoral-para-2026-2027/

Francisco. (2020, 3 de octubre). Fratelli tutti: Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html

Ley Orgánica 4/2026, de 13 de octubre, por la que se modifica el artículo ochenta de la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria para reconocer, a efectos legales, el carácter de agentes de la autoridad a los funcionarios de la Administración Penitenciaria. Boletín Oficial del Estado, núm. 255, de 14 de octubre de 2026, pp. 136659-136662. https://www.boe.es/eli/es/lo/2026/10/13/4

McNeill, F. (2006). A desistance paradigm for offender management. Criminology & Criminal Justice, 6(1), 39–62. https://doi.org/10.1177/1748895806060666

Programa Tres Pilares. (2026a, 1 de marzo). Del Monte Tabor al puente: Esperanza con método. SPES · Desde Dentro. https://www.programatrespilares.org/spes/spes-desde-dentro/3039881_desde-dentro-28-de-febrero-2026-del-monte-tabor-al-puente

Programa Tres Pilares. (2026b, 20 de septiembre). Volver al corazón desde la ultraperiferia penitenciaria: Cuando la prisión nos convoca a caminar juntos. SPES · Desde Dentro. https://www.programatrespilares.org/spes/spes-desde-dentro/3362217_desde-dentro-domingo-20-de-septiembre-de-2026-carta-abierta

Real Decreto 806/2026, de 5 de octubre, de disolución del Congreso de los Diputados y del Senado y de convocatoria de elecciones. Boletín Oficial del Estado, 248, de 6 de octubre de 2026. https://www.boe.es/eli/es/rd/2026/10/05/806

Reglamento del Congreso de los Diputados, de 10 de febrero de 1982. Boletín Oficial del Estado, núm. 55, de 5 de marzo de 1982. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1982-5196


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