Desde Dentro - Domingo, 20 de septiembre de 2026 - Carta Abierta

Publicado el 20 de septiembre de 2026, 16:00

Volver al corazón desde la ultraperiferia penitenciaria

Cuando la prisión nos convoca a caminar juntos

Carta abierta a nuestra comunidad diocesana con motivo del inicio del curso pastoral 2026-2027

Desde Dentro - Domingo, 20 de septiembre de 2026


Hermanas y hermanos de nuestra Iglesia diocesana de Coria-Cáceres:

Hoy nuestra Iglesia diocesana comienza un nuevo curso pastoral y quienes participamos en el Programa Tres Pilares llegamos a esta cita desde un lugar muy concreto: la prisión. Aunque entramos cada semana atravesando puertas, controles, rastrillos y muros, la experiencia nos ha enseñado que la periferia penitenciaria no comienza necesariamente al cruzar la entrada de un centro ni termina cuando alguien recupera la libertad.

El papa Francisco llamó a la cárcel «una de las periferias más feas, con más dolor». Aquella mirada nos ayudó a comprenderlas no como territorios ajenos a los que la Iglesia decide acercarse ocasionalmente, sino como espacios humanos donde también se pone a prueba nuestra manera de vivir el Evangelio (Francisco, 2015, sección «Diálogo espontáneo del Papa con los representantes italianos de las Comunidades de Vida Cristiana», párr. 2).

En Spes · Desde Dentro llevamos un tiempo utilizando una expresión, inspirada en esa mirada de Francisco, que intenta recoger algo de lo que encontramos allí: ultraperiferia penitenciaria. La privación de libertad puede añadirse a dificultades que no siempre desaparecen al salir: pobreza, soledad, enfermedad, problemas de salud mental o adicciones, fracturas familiares, escasa formación, desempleo, brecha digital o estigma. Ninguna explica por sí sola una conducta delictiva ni elimina la responsabilidad personal. Pero conocerlas ayuda a comprender mejor a la persona y a no responder a realidades complejas con soluciones simples.

Ese ha sido uno de los aprendizajes que más han marcado el curso anterior.

La realidad, cuando se la escucha de verdad, tiene la incómoda capacidad de corregir nuestras primeras explicaciones sobre ella.

Desde Dentro ha intentado acompañar ese aprendizaje. La visita del papa León XIV a España, el pasado mes de junio, marcó una línea de reflexión que hemos desarrollado desde entonces. Terminada la emoción del acontecimiento, comprendíamos que tocaba trabajar. En julio hablábamos de semillas que solo arraigan aceptando tiempos, límites y correcciones; en agosto, de procurar que nadie se vaya solo y convertir la teoría en tarea compartida; en septiembre hemos vuelto a una cuestión elemental: qué sucede cuando afirmamos que «el otro me importa».

Al comenzar otro curso descubrimos que ese itinerario encuentra una afinidad profunda con la propuesta de nuestra diócesis.

«Volver al corazón, para encontrarse con Dios y con el prójimo» no es una invitación a encerrarnos en nosotros mismos. El Plan pastoral diocesano 2026-2027 propone leer la realidad, escuchar, discernir y traducir después lo comprendido en objetivos y acciones revisables. Lo hace desde un estilo sinodal basado en la participación, la escucha mutua, la corresponsabilidad y el discernimiento comunitario, para fortalecer la comunión y la misión de la Iglesia de Coria-Cáceres (Diócesis de Coria-Cáceres, 2026b, pp. 2, 9-10).

También nuestro obispo lo ha expresado con claridad. En la entrevista con la que se presenta el nuevo curso, la conversación vincula volver al corazón con escuchar, discernir y «trabajar en salida» (Diócesis de Coria-Cáceres, 2026a, párr. 6). Don Jesús sitúa esa propuesta en continuidad con una Iglesia en salida, sinodal y samaritana, y afirma que «es imposible amar a Dios sin amar al prójimo» (párr. 8). La cuestión deja así de ser una consigna y compromete nuestra manera concreta de vivir como Iglesia.

Desde prisión, ese «trabajar en salida» adquiere además un significado casi literal.

La visita de León XIV a Brians 1 ha acompañado buena parte de nuestra reflexión. Allí recordó que «los errores de la vida no determinan la identidad de una persona» y añadió después: «Dios te ama como eres, pero te sueña mejor». En ese mismo pasaje habló de conversión, arrepentimiento, enmienda, reconciliación y perdón (León XIV, 2026d).

Dignidad y responsabilidad aparecen así inseparablemente unidas.

También la investigación criminológica ayuda a comprender que la salida de prisión no sucede en un único instante. Volver a la comunidad es un proceso en el que se relacionan lo vivido antes del ingreso, la experiencia durante el cumplimiento y las condiciones encontradas después de la excarcelación (Visher & Travis, 2003). Los estudios sobre desistimiento añaden que sostener un cambio requiere decisión personal, vínculos, apoyos y oportunidades reales para construir otra forma de vida (McNeill, 2006).

Ahí encuentra sentido la dimensión criminológica del Programa Tres Pilares: abrir la mirada, relacionar conocimientos distintos y recordar que una persona y su historia difícilmente caben en una única explicación. En Magnifica humanitas, León XIV recuerda que, ante situaciones humanas complejas, la filosofía y las ciencias humanas y sociales resultan esenciales para comprender mejor las dinámicas que afectan a personas y comunidades (León XIV, 2026c, n. 23).

La consecuencia es sencilla: no todas las personas necesitan lo mismo porque compartan una clasificación penitenciaria o una situación jurídica parecida. Antes de actuar necesitamos conocer dificultades, capacidades, apoyos y posibilidades; después, comprobar si aquello que pusimos en marcha sirvió.

Podemos tramitar correctamente una ayuda y descubrir que la persona no llegó al recurso que necesitaba. Incluso una presencia pastoral intensa dentro de prisión puede mostrar sus límites cuando alguien sale y aparecen la vivienda, la documentación, la continuidad de un tratamiento, el empleo o la dificultad para desenvolverse en un mundo cada vez más digitalizado.

Ahí situamos también una parte de nuestra parresía evangélica: no en elevar la voz, sino en nombrar con respeto esas fracturas y los espacios en los que una persona puede quedar desatendida. Y esa exigencia comienza por nosotros. Si algo no resulta útil, habrá que revisarlo; si otro recurso puede responder mejor, corresponde facilitar el encuentro. La prudencia también consiste en dejarnos corregir por la realidad.

Nuestro particular Ora et Labora ha ido adquiriendo contenido desde ahí. El Ora comienza en la oración, pero incorpora escucha, estudio, actualización, contraste y discernimiento. El Labora procura traducir lo comprendido en acompañamiento, formación, orientación, coordinación o ayuda concreta. Después necesitamos volver a escuchar, porque una buena intención no basta para justificar que mantengamos siempre una actuación.

En esa misma lógica situamos nuestro Eje 25, que pone en diálogo, sin confundir sus planos y complementando ambos, el «estuve en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,36) y el artículo 25.2 de la Constitución Española, que orienta las penas privativas de libertad hacia la reeducación y la reinserción social (Constitución Española, 1978, art. 25.2). No dicen lo mismo, pero para nosotros una referencia conduce naturalmente a la otra: visitar a quien está en prisión quedaría empobrecido si nuestra presencia se agotara en la visita y no nos preguntáramos también cómo acompañar, dentro de nuestras posibilidades y sin invadir competencias, los procesos de reeducación, preparación para la libertad y reinserción.

Quien recupera la libertad sigue siendo la misma persona con la que hablábamos dentro. Acompañar después no significa sustituir: la responsabilidad de decidir y vivir corresponde a la propia persona. Nuestra aportación será muchas veces más modesta: anticipar una dificultad, facilitar un contacto, orientar hacia un recurso, permanecer cerca durante un tramo del camino o saber apartarnos cuando otro puede responder mejor.

La catequesis de León XIV del 9 de septiembre vuelve precisamente sobre esa relación entre dignidad y responsabilidad. La dignidad no depende de las capacidades, la riqueza, la función social ni siquiera de decisiones acertadas o equivocadas; al mismo tiempo, la libertad convierte a la persona en responsable de sus decisiones (León XIV, 2026a).

Comprender los factores personales, sociales o psicológicos que influyeron en una conducta no significa convertirlos en excusa. Reconocer el daño tampoco exige reducir para siempre a quien lo causó al peor acto de su vida.

Creer en la posibilidad de cambio no permite ignorar los riesgos.

Y nada de esto puede construirse olvidando a las víctimas. También ellas tienen nombre, historia, derechos, necesidades y tiempos propios. Cuando se abre alguna posibilidad restaurativa, la participación ha de ser voluntaria e informada, desarrollarse con garantías de seguridad y permitir retirarse del proceso (Directiva 2012/29/UE, 2012, art. 12).

Esta manera de comprender la complejidad explica que durante el curso anterior hayamos reforzado nuestra relación con Instituciones Penitenciarias, la Universidad, profesionales, colegios profesionales, organizaciones sociales y otros actores de la sociedad civil. Coordinar no consiste en acumular instituciones, sino en poner en relación a quienes pueden aportar algo real ante una necesidad concreta.

Este comienzo de curso nos invita a mirar hacia nuestra casa.

La Pastoral Penitenciaria necesita especialización, y esa especialización exige formación continua. Entrar responsablemente en prisión requiere conocer su realidad jurídica, tratamental y organizativa, aprender a acompañar situaciones humanas complejas y formarnos también en seguridad, límites y autocuidado. Pero esa preparación quedaría incompleta si olvidáramos aquello que da sentido a nuestra presencia allí. La dimensión espiritual no es un añadido a los conocimientos técnicos, sino el fundamento desde el que reconocemos al otro como alguien que nos interpela y cuya dignidad no desaparece detrás de su delito, su condena o sus circunstancias. Es la alteridad sobre la que hemos venido reflexionando en Desde Dentro y que recientemente hemos formulado de una manera quizá más sencilla: «el otro me importa».

Precisamente por eso, especializar una pastoral no puede significar aislarla. Esa especialización perdería parte de su sentido si la prisión terminara siendo una realidad conocida solo por quienes atravesamos habitualmente sus puertas. Las personas privadas de libertad, sus familias, quienes regresan a la comunidad y también las víctimas no pertenecen a un mundo separado del nuestro. Sus vidas pueden encontrarse con parroquias, Cáritas, otras delegaciones, asociaciones, movimientos y recursos de nuestra Iglesia. La formación nos ayuda a acompañar mejor; la comunión evita que ese acompañamiento quede encerrado entre quienes nos hemos especializado en él.

La corresponsabilidad adquiere entonces un significado sencillo: conocernos lo suficiente para saber qué puede aportar cada uno, reconocer dónde terminan nuestras posibilidades y saber a quién acudir cuando una necesidad nos supera.

Hace unos meses tuvimos ocasión de compartir brevemente con don Jesús algunas de estas inquietudes y de escuchar también su mirada. Aquella conversación nos ayudó a situar mejor nuestro trabajo dentro del camino de la diócesis y dejó, entre otras orientaciones, una llamada a avanzar con prudencia: escuchar antes de decidir, respetar tiempos y competencias y aceptar que también nosotros podemos necesitar orientación o corrección.

Queremos comenzar este curso en comunión con nuestra Iglesia diocesana y trabajando junto a nuestro obispo, procurando ser herramientas allí donde podamos resultar útiles, poniendo a disposición de la diócesis aquello que podamos aportar y permaneciendo abiertos a aquello que otros puedan enseñarnos, completar o ayudarnos a mirar de otra manera.

León XIV recordaba hace apenas unos días a los nuevos obispos que «ningún obispo camina solo» (León XIV, 2026b). En aquel mismo discurso les pidió conocer nombres, escuchar historias, dedicar tiempo a las personas y promover en sus diócesis procesos de reflexión y diálogo al servicio de la civilización del amor.

También a nosotros nos corresponde asumir nuestra parte del camino, en comunión con nuestro obispo, para que ese caminar compartido no sea solamente una hermosa expresión de sinodalidad, sino una manera concreta de entender la misión que todos compartimos.

Llegamos por eso a este nuevo curso con una hoja de ruta ya parcialmente cubierta, pero sin un programa cerrado. Hay experiencias que conviene consolidar, actuaciones que necesitan revisión y líneas nuevas nacidas de necesidades que hemos ido descubriendo durante el camino.

Pero, sobre todo, hay nombres, historias y rostros.

Seguiremos entrando en prisión porque allí está una parte concreta de nuestra misión. Queremos hacerlo conscientes de que entramos también como miembros de esta Iglesia de Coria-Cáceres y de que, al salir, aquello que hemos visto, escuchado y aprendido no debería quedarse encerrado detrás de nosotros.

Quizá nuestra pequeña aportación al curso que comienza pueda situarse ahí: volver al corazón para mirar mejor la realidad, permitir que esa realidad corrija aquello que deba corregir en nosotros y trabajar después, junto a nuestra Iglesia y junto a nuestro obispo, para que la comunión encuentre también su expresión en respuestas más humanas, rigurosas y útiles.

Desde esa ultraperiferia queremos seguir caminando, pero no solos.

Con afecto fraterno, esperanza y disponibilidad,

Programa Tres Pilares

Delegación Diocesana de Pastoral Penitenciaria de Coria-Cáceres

Asociación Iberoamericana eScis


Fuentes

Constitución Española. (1978). Boletín Oficial del Estado, 311, de 29 de diciembre de 1978. Texto consolidado en BOE

Diócesis de Coria-Cáceres. (2026a, 9 de septiembre). Mons. Jesús Pulido: «Es imposible amar a Dios sin amar al prójimo». Fuente diocesana

Diócesis de Coria-Cáceres. (2026b, 23 de junio). Plan pastoral diocesano 2026-2027: «Volver al corazón, para encontrarse con Dios y con el prójimo». Documento marco para la programación pastoral. Documento oficial

Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, por la que se establecen normas mínimas sobre los derechos, el apoyo y la protección de las víctimas de delitos y por la que se sustituye la Decisión Marco 2001/220/JAI del Consejo. (2012). Diario Oficial de la Unión Europea, L 315, 57–73. EUR-Lex

Francisco. (2015, 30 de abril). Discurso a la Comunidad de Vida Cristiana (CVX)-Liga Misionera Estudiantes de Italia. Santa Sede. Texto oficial

León XIV. (2026a, 9 de septiembre). Audiencia general. Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes (GS 12-22). 2. La dignidad humana: don y responsabilidad. Santa Sede.

León XIV. (2026b, 10 de septiembre). Discurso a los participantes en el curso de formación para los nuevos obispos. Santa Sede.

León XIV. (2026c, 15 de mayo). Magnifica humanitas: Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Santa Sede.

León XIV. (2026d, 10 de junio). Viaje apostólico a España: Visita al Centro Penitenciario «Brians 1». Santa Sede. Texto oficial

McNeill, F. (2006). A desistance paradigm for offender management. Criminology & Criminal Justice, 6(1), 39–62. https://doi.org/10.1177/1748895806060666

Visher, C. A., & Travis, J. (2003). Transitions from prison to community: Understanding individual pathways. Annual Review of Sociology, 29, 89–113. https://doi.org/10.1146/annurev.soc.29.010202.095931