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Publicado el 19 de octubre de 2026, 13:57

San Pedro de Alcántara: la libertad de servir y el valor de lo humano

De Carlos V a los desafíos de nuestro tiempo: una mirada desde la fe, la ciudadanía y el compromiso con la dignidad humana

SPES · Desde Dentro | Especial, lunes 19 de octubre de 2026


Hoy celebramos a san Pedro de Alcántara, patrón de nuestra diócesis de Coria-Cáceres y de la localidad donde tiene su sede la Asociación Iberoamericana eScis. Una fecha especialmente querida que este año nos ofrece motivos añadidos para reflexionar sobre nuestra presencia como cristianos en la sociedad.

Ayer participábamos en Malpartida de Cáceres en el VI Encuentro «Laicos en Marcha en Extremadura», dedicado a Magnifica humanitas, la encíclica del papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. El Evangelio dominical nos hablaba de la moneda del César y, apenas unos días antes, había entrado en vigor una reforma de la Ley Orgánica General Penitenciaria que merece nuestra atención.

También seguimos con esperanza la recuperación del Santo Padre tras su reciente intervención quirúrgica. Su regreso al Vaticano y sus palabras de ayer nos ofrecen una ocasión para agradecer su mejoría y acompañarlo con nuestra oración.

Entre acontecimientos tan distintos encontramos un hilo que nos resulta familiar: la libertad de conciencia, el respeto a la dignidad y la responsabilidad que compartimos como creyentes y ciudadanos.


Un fraile que dijo "No" al césar Carlos

La vida de san Pedro suele recordarse por sus extraordinarias austeridades, su dedicación a la oración y la reforma franciscana que impulsó. El pequeño convento de El Palancar conserva la memoria de aquella espiritualidad que buscaba desprenderse de cuanto resultara innecesario para vivir el Evangelio con mayor autenticidad.

Su vocación contemplativa no lo apartó de las preocupaciones de su tiempo. Recorrió pueblos y comunidades, acompañó a santa Teresa de Jesús cuando sus proyectos reformadores encontraban resistencias y dedicó buena parte de su vida a escuchar, aconsejar y reconciliar.

Un episodio de su vida resulta especialmente revelador.

En 1557, Carlos V, retirado en el monasterio de Yuste, quiso tenerlo a su lado como confesor permanente. Pedro acudió a su encuentro, pero declinó asumir aquella dedicación exclusiva. Según los testimonios del proceso de canonización estudiados por Calvo Gómez (2023), entendió que permanecer al servicio del emperador le impediría continuar su intensa actividad apostólica por las tierras extremeñas.

Aquel fraile, que había renunciado a tantas comodidades, tuvo también la entereza de decirle que no a quien había gobernado uno de los mayores imperios de su tiempo.

La decisión impresiona por su sencillez. Carlos V podía ofrecerle la cercanía al poder, pero no una razón suficiente para abandonar a quienes también necesitaban su presencia. Pedro conservó su independencia y fue fiel a sus prioridades, sin convertir la negativa en una demostración de superioridad moral.

Ahí encontramos una de las expresiones más valiosas de su grandeza espiritual.

Su autoridad moral no necesitaba el respaldo del emperador. Nacía de la coherencia entre lo que creía, lo que decía y la manera en que vivía.

Cinco siglos después, aquella libertad sigue interpelándonos. También hoy existen ocasiones en las que mantener una relación cordial con la autoridad resulta más sencillo que expresar una discrepancia necesaria. San Pedro nos recuerda que el servicio pierde parte de su sentido cuando la cercanía al poder termina condicionando nuestra conciencia.


La moneda del César y nuestra doble responsabilidad

El Evangelio proclamado ayer, domingo 18 de octubre, parece prolongar esta reflexión. Los fariseos intentaron comprometer a Jesús preguntándole si era lícito pagar el impuesto al César. Él pidió una moneda y, después de preguntar por la imagen que llevaba, respondió:

«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

Durante el Ángelus de ayer, León XIV recordó que el Reino de Dios no elimina nuestras responsabilidades humanas. Nos invita, por el contrario, a vivirlas libres de ambiciones injustas, sin temor ni hipocresía (León XIV, 2026c).

La coincidencia con la actitud de san Pedro de Alcántara resulta especialmente significativa.

En nuestro Eje 25 encontramos una expresión concreta de esa responsabilidad. Mateo 25,36 nos invita a reconocer a Cristo en la persona encarcelada; el artículo 25.2 de nuestra Constitución establece la orientación de las penas privativas de libertad hacia la reeducación y la reinserción social y reconoce los derechos fundamentales que conservan quienes cumplen condena, con las limitaciones constitucionalmente previstas.

Ayer, durante la jornada, hubo incluso ocasión de recurrir, con cierta complicidad hacia el lenguaje juvenil, al popular six-seven (6-7) y su conocido gesto de balanceo. Pero nuestra condición de creyentes y ciudadanos no admite ese vaivén entre dos identidades que podamos alternar según las circunstancias. Somos ambas cosas, y ambas nos comprometen al mismo tiempo.

La fe nos mueve a acompañar, mientras nuestra responsabilidad ciudadana nos reclama respeto a la justicia, las libertades y los derechos de todos. Son dimensiones de distinta naturaleza que encuentran su expresión en nuestra manera de vivir y relacionarnos con los demás.

De ahí nace también la parresía: hablar con libertad y responsabilidad, sin convertir la prudencia en silencio ni la discrepancia en enfrentamiento. San Pedro supo ejercer esa independencia ante Carlos V. A nosotros nos corresponde mantenerla en nuestras relaciones con las instituciones y con quienes ejercen legítimamente la autoridad, especialmente cuando están en juego los derechos y la dignidad de quienes tienen menos posibilidades de hacerse escuchar.


Custodiar lo humano, también donde apenas se escucha

El encuentro celebrado ayer en Malpartida de Cáceres nos permitió abordar estas inquietudes desde una realidad que está transformando rápidamente nuestra sociedad.

Juan Jesús Álvarez, profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, nos acercó a Magnifica humanitas y a los principios de la Doctrina social de la Iglesia que deben orientar el desarrollo de la inteligencia artificial. Su intervención nos devolvió a una pregunta fundamental: antes de decidir qué pueden hacer las máquinas, necesitamos tener claro qué entendemos por persona humana.

La encíclica reconoce las extraordinarias posibilidades del progreso tecnológico, pero nos previene frente a una visión que reduzca nuestra vida a la eficacia, la productividad o la acumulación de información.

En el diálogo posterior planteamos una inquietud que va más allá de la prisión: las brechas digitales que afectan a quienes, por circunstancias económicas, sociales, educativas o jurídicas, encuentran mayores dificultades para acceder a las nuevas tecnologías y beneficiarse de ellas.

Álvarez recordó que el destino universal de los bienes alcanza también a los recursos culturales y tecnológicos, y que facilitar su acceso debe acompañarse de una formación que permita utilizarlos con criterio y responsabilidad.

Para quienes conocemos el medio penitenciario, estas desigualdades adquieren una intensidad especial. Las periferias sociales de las que tantas veces nos habló el papa Francisco encuentran una expresión particularmente vulnerable en esa ultraperiferia penitenciaria donde las restricciones de la privación de libertad pueden ampliar distancias que ya existían fuera de los muros y que no siempre desaparecen cuando alguien recupera la libertad.

La mesa redonda de la tarde, moderada por Francisco Pizarro, amplió el debate hacia la educación, la salud emocional, el trabajo y las administraciones públicas. Guadalupe Andrada, Jesús Torrecilla y Juan Antonio Pavón compartieron sus distintas perspectivas en una conversación que permitió reconocer tanto las oportunidades del progreso tecnológico como la importancia de preservar el pensamiento crítico, la transparencia y la responsabilidad humana.

En ese contexto introdujimos el ejemplo de la Tabla de Variables de Riesgo (TVR), utilizada en la valoración del riesgo asociado a los permisos penitenciarios. No constituye propiamente un sistema de inteligencia artificial, pero su empleo también plantea cuestiones sobre los criterios de valoración, su actualización y las posibilidades de conocerlos y someterlos a examen.

La reflexión sobre la transparencia algorítmica y la seguridad jurídica nos devuelve a una pregunta muy cercana a nuestra experiencia: ¿cómo puede alguien cuestionar adecuadamente una decisión si desconoce los criterios que han contribuido a adoptarla?

La tecnología puede ayudarnos a decidir mejor. Lo que no debería hacer es convertir la aparente objetividad de un procedimiento en una excusa para dejar de explicar, revisar o asumir la responsabilidad por sus resultados.


La dignidad no puede quedarse en el papel

Esta preocupación cobra especial actualidad con la Ley Orgánica 4/2026, que modifica el artículo 80 de la Ley Orgánica General Penitenciaria y entró en vigor el pasado 15 de octubre. Sus novedades en materia disciplinaria se aplican a los procedimientos iniciados con posterioridad a esa fecha.

La reforma reconoce la condición de agentes de la autoridad a los funcionarios penitenciarios y refuerza su protección jurídica. También establece que determinados informes emitidos por funcionarios que hayan presenciado los hechos constituyan base suficiente para adoptar una resolución disciplinaria, salvo prueba en contrario y con la obligación de incorporar al expediente todos los elementos probatorios disponibles.

Su alcance jurídico ha sido examinado recientemente en «La prueba y sus contrapesos», publicado en SPES · Desde la Trinchera.

Desde nuestra experiencia de acompañamiento, hay una preocupación humana y cristiana que merece permanecer en primer plano.

La protección de los profesionales penitenciarios es necesaria y legítima. También lo es garantizar que las personas privadas de libertad puedan defenderse de manera efectiva cuando se les atribuyan hechos susceptibles de sanción. El fortalecimiento de la autoridad no debe traducirse en un debilitamiento de los derechos de quienes se encuentran bajo su custodia.

La posibilidad de aportar prueba en contrario necesita algo más que reconocimiento legal. Requiere condiciones reales para conocer los hechos atribuidos, acceder a los elementos probatorios pertinentes y presentar una defensa efectiva. De otro modo, las garantías pueden terminar perdiendo buena parte de su sentido.

León XIV recuerda en Magnifica humanitas (2026a, nn. 52-53) que la dignidad pertenece a toda persona y que ninguna circunstancia puede privarla de ese valor fundamental.

Durante su visita al Centro Penitenciario Brians 1, el pasado junio, expresó esa convicción con palabras que siguen acompañándonos:

«¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!» (León XIV, 2026b).

Ese sueño de Dios no desconoce el sufrimiento de las víctimas, la gravedad del delito ni la responsabilidad de quien lo ha cometido. Nos recuerda que nadie queda definitivamente reducido a sus errores y que la esperanza de cambiar necesita encontrar también caminos posibles.

La propia encíclica, en su número 77, recuerda expresamente la identificación de Jesús con quienes están encarcelados, situando su dignidad en el horizonte de nuestras responsabilidades cristianas y sociales.

No podemos reconocer a Cristo en la persona presa y permanecer indiferentes cuando encuentra dificultades para ejercer sus derechos. Sería una contradicción difícil de conciliar con aquello que proclamamos.

La humanidad de nuestro sistema penitenciario se pone especialmente a prueba cuando alguien necesita defenderse y hacerse escuchar. Ahí, donde las desigualdades pueden tener consecuencias especialmente graves, el respeto a la dignidad deja de ser una declaración de buenas intenciones y reclama actuaciones concretas.


Una oración y un compromiso que continúan

La festividad de san Pedro de Alcántara llega también en unos días de especial cercanía hacia el papa León XIV.

El pasado 13 de octubre fue intervenido quirúrgicamente en el Policlínico Gemelli de Roma por un tumor pulmonar. Tras una evolución favorable, recibió el alta el sábado 17 y ayer volvió a dirigirse a los fieles durante el Ángelus.

Agradeció las oraciones recibidas y la dedicación del personal sanitario, compartiendo cómo aquella experiencia le había hecho sentir especialmente cerca de quienes atraviesan una enfermedad.

Nos unimos a la oración por su pleno restablecimiento, agradecidos por su recuperación y con el deseo de que pueda continuar su ministerio con la fortaleza y la serenidad necesarias.

Al celebrar hoy a nuestro patrón, volvemos también la mirada hacia nuestros compromisos. La firmeza de aquel franciscano ante Carlos V, el Evangelio de la moneda y las inquietudes compartidas ayer nos recuerdan que la fe no puede quedar al margen de las responsabilidades que asumimos en la sociedad.

Desde el Programa Tres Pilares queremos seguir caminando junto a las personas privadas de libertad, sus familias y quienes recuperan la libertad, sin olvidar a las víctimas ni a la comunidad cuya participación resulta imprescindible para construir oportunidades reales de reinserción.

Volver al corazón tiene mucho que ver con todo esto: escuchar, acompañar y conservar la libertad para decir aquello que nuestra conciencia considera necesario, incluso cuando resulte incómodo, sin perder el respeto ni la mano tendida.

San Pedro de Alcántara supo estar ante el emperador sin olvidar a quienes necesitaban su presencia fuera de Yuste. Honrar hoy su memoria también debería ayudarnos a reconocer a esas personas que, entre nuestras prisas y preocupaciones, corren el riesgo de quedar fuera de nuestra mirada.


Referencias

Calvo Gómez, J. A. (2023). El confesor del emperador. La memoria de san Pedro de Alcántara (1499-1562) en Yuste y en otros conventos de la diócesis de Plasencia. Archivo Ibero-Americano, 83(297), 635-727. https://doi.org/10.48030/aia.v83i297.291

Conferencia Episcopal Española. (s. f.). Domingo XXIX del tiempo ordinario: Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22,15-21). https://www.conferenciaepiscopal.es/evangelio/domingo-xxix-del-tiempo-ordinario/

Constitución Española. (1978). Boletín Oficial del Estado, 311, de 29 de diciembre de 1978. https://www.boe.es/eli/es/c/1978/12/27/(1)

Diócesis de Coria-Cáceres. (2026, 29 de septiembre). Malpartida de Cáceres acogerá el VI Encuentro «Laicos en Marcha en Extremadura» sobre la persona en la era de la IA. https://diocesiscoriacaceres.es/malpartida-acogera-encuentro-laicos-en-marcha-en-extremadura-persona-era-ia/

Ley Orgánica 4/2026, de 13 de octubre, por la que se modifica el artículo ochenta de la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria para reconocer, a efectos legales, el carácter de agentes de la autoridad a los funcionarios de la Administración Penitenciaria. Boletín Oficial del Estado, 255, de 14 de octubre de 2026. https://www.boe.es/eli/es/lo/2026/10/13/4

León XIV. (2026a, 15 de mayo). Magnifica humanitas. Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Santa Sede. https://press.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

León XIV. (2026b, 10 de junio). Viaje apostólico a España: Visita al Centro Penitenciario Brians 1. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260610-spagna-visita-penitenziario.html

León XIV. (2026c, 18 de octubre). Ángelus. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20261018-angelus.html

Vatican News. (2026, 17 de octubre). El Papa sale del Policlínico Gemelli a primeras horas de esta tarde. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-10/papa-leon-alta-medica-regreso-vaticano-angelus-domingo.html


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