Desde Dentro, lunes 3 de agosto 2026 - Que nadie se vaya solo

Publicado el 1 de agosto de 2026, 10:16

Que Nadie Se Vaya Solo

Semillas, tesoros y panes compartidos entre la prisión y la vida en libertad

Desde Dentro - lunes, 3 de agosto 2026 (versión editada) 


La libertad no comienza solamente cuando se abre una puerta. Para que sea algo más que el final administrativo de una privación de libertad, necesita vínculos, apoyos y algún lugar al que dirigirse.

El 29 de julio, el Centro Penitenciario de Cáceres sonó de otra manera. Los muros siguieron allí, los recuentos no desaparecieron y las condenas continuaron cumpliéndose, pero la música abrió un claro dentro de la rutina. No suspendió la realidad penitenciaria ni borró cuanto había llevado a cada persona hasta allí. Permitió, sencillamente, que durante unas horas aparecieran otras dimensiones de quienes habitualmente son observados a través del delito, la condena, la clasificación o el expediente.

El concierto corrió a cargo de SOMOS, una formación de música católica contemporánea vinculada a la Asociación Pública de Fieles Aqua Vitae. Sus canciones hablan de esperanza, encuentro, reconciliación y libertad interior mediante un lenguaje cercano. Antes de llegar a Cáceres, el grupo ya había compartido su música en el Centro Penitenciario Ocaña I (Archidiócesis de Toledo, 2025; Parroquia Beato Marcelo Spínola, 2026).

 


Una canción hecha también desde dentro

Entre las piezas interpretadas estuvo «Más Allá». La canción incorporaba frases pronunciadas y escritas por personas internas del propio centro. Palabras nacidas en conversaciones, recuerdos y reflexiones habían sido enlazadas hasta formar una composición y regresaban ahora convertidas en música.

No era solamente una canción cantada para quienes llenaban el salón. También llevaba algo de ellos.

La diferencia resulta importante. En prisión se organizan numerosas actividades para las personas internas, pero no siempre se consigue construirlas con ellas. Cuando pueden participar, crear y aportar algo propio, dejan de ser simples receptoras de cuanto otros diseñan o deciden. La condena y la responsabilidad por el daño causado continúan presentes, como deben estarlo, pero junto a ellas aparecen capacidades que forman parte de la persona y que no caben enteras en un expediente.

La participación fue creciendo y el salón adoptó por momentos el tono alegre de los concursos televisivos de talentos. Desde el público surgió un entusiasta «¡Pase de Oro!». Cuando uno de los internos cantó el Padrenuestro, apareció con la misma espontaneidad un «¡Tú sí que vales!». Hubo aplausos, sonrisas y baile. Durante un rato, la clasificación y la condena dejaron algo de espacio a la voz, la música y el encuentro.

Dos voluntarios comentaron, mediante una comparación tan gráfica como coloquial, que encuentros así podían hacer por el ánimo más que muchas benzodiazepinas. Más allá de la licencia expresiva, la frase apuntaba hacia una realidad que no debería despreciarse: la salud emocional no se sostiene únicamente mediante respuestas farmacológicas. También necesita vínculos, reconocimiento, belleza, palabra, pertenencia y motivos para esperar. No todo lo que alimenta se sirve en un plato o en una bandeja.

Esto no convierte un concierto en tratamiento penitenciario, intervención criminológica, atención sanitaria, educación o trabajo social. Una actividad aislada tampoco produce por sí sola un cambio estable. Su valor se encuentra en otro lugar: puede ofrecer una ocasión para expresarse, participar y ser reconocido desde algo distinto del delito.

Los estudios sobre desistimiento han mostrado que abandonar una trayectoria delictiva no consiste únicamente en dejar de cometer nuevos delitos. Exige asumir el daño causado, revisar la propia historia, reconstruir la identidad y encontrar relaciones y oportunidades que permitan sostener una vida diferente. La voluntad personal resulta imprescindible, pero difícilmente prospera cuando todas las miradas devuelven siempre la misma etiqueta y todos los caminos desembocan en los mismos lugares (Maruna, 2001; McNeill, 2006).

Desde ahí puede comprenderse mejor lo que ocurrió aquella tarde. «Más Allá» no creó una dignidad nueva ni convirtió a nadie en una persona distinta. Permitió escuchar algo que ya estaba allí y que, con demasiada frecuencia, permanece oculto bajo el fracaso, las adicciones, la dureza, la vergüenza o años de desconfianza.

La cuestión, entonces, no es solo descubrir esas capacidades. También debemos preguntarnos qué hacemos con ellas cuando aparecen.

Mirar lo que todavía puede crecer

El videofórum sobre The Chosen continúa desarrollándose durante el verano. En sus sesiones han surgido conversaciones sobre la culpa, las etiquetas, la responsabilidad, la mirada de los demás y la posibilidad de cambiar. A veces una narración permite hablar de aquello que una pregunta directa cerraría. La pantalla deja entonces de ser una forma de escapar de la propia historia y se convierte en una manera menos brusca de regresar a ella.

Aunque el concierto y el videofórum responden a formatos diferentes, ambos remiten a una misma necesidad: crear espacios en los que la persona pueda mirarse con verdad sin quedar encerrada para siempre en su peor conducta. Esa mirada no puede ser ingenua. La intervención penitenciaria debe valorar riesgos, necesidades, daños, resistencias y posibilidades reales de evolución. La responsabilidad pierde fuerza cuando todo se justifica, pero la esperanza se vacía cuando cualquier cambio se considera imposible de antemano.

La parábola del trigo y la cizaña, proclamada el 19 de julio, nos había situado precisamente ante esa complejidad. En una misma vida pueden convivir capacidades y daños, avances y retrocesos, sinceridad y autoengaño. Reconocerlo no rebaja la gravedad del delito ni permite olvidar a las víctimas. Impide, más bien, confundir la necesaria valoración de una conducta con la reducción definitiva de una persona a esa conducta.

El libro de la Sabiduría dejó aquel domingo una expresión breve y exigente: «el justo debe ser humano» (Sab 12,19). Ser humano no significa justificarlo todo ni convertir la compasión en permisividad. Significa mantener los límites sin borrar el rostro, valorar el riesgo sin transformarlo en destino y permitir que el arrepentimiento, cuando sea verdadero, pueda acreditarse mediante hechos.

La paciencia de la parábola tampoco consiste en abandonar el campo. Exige observación, constancia, intervención y cuidado para no arrancar, junto a la cizaña, aquello que todavía puede crecer. No obliga a creer ciegamente cualquier declaración de buenas intenciones. Exige seguimiento, evaluación y responsabilidad. Sin embargo, cuando el pronóstico se vuelve una sentencia inamovible, dejamos de acompañar un proceso y comenzamos a administrar un destino.

El domingo siguiente, el Evangelio habló del tesoro escondido y de la perla de gran valor. En prisión, ese tesoro no es una bondad abstracta que permita negar el daño cometido. Puede ser una capacidad concreta, una relación recuperada, una decisión mantenida, una forma distinta de responder ante el conflicto o una palabra que por primera vez no busca justificar, sino asumir.

El concierto y el videofórum permitieron percibir algunas de esas posibilidades: creatividad, sensibilidad, humor, fe, memoria, escucha y deseo de pertenecer. Discernir no significa idealizar a nadie. Significa mirar suficientemente hondo para no confundir la superficie con la totalidad de una vida.

Pero descubrir el tesoro no basta. Aquello que comienza a reconstruirse dentro necesita relaciones, oportunidades y apoyos que le permitan continuar fuera. De poco sirve ayudar a una persona a recuperar su voz si, al cruzar la puerta, vuelve a encontrarse completamente sola.

La libertad necesita continuidad

En esos mismos días, una escena distinta devolvió la reflexión al terreno más inmediato. Dos voluntarios se encontraron con una persona que acababa de ser excarcelada. La noticia le había llegado ese mismo día. Estaba desorientada, con un nivel elevado de ansiedad y sin capacidad inmediata para ordenar los pasos más elementales.

No se trata de utilizar un caso concreto para formular una acusación general, pero tampoco de apartar la mirada porque la situación resulte incómoda. La escena obliga a mantener abierta una pregunta: ¿cómo se preparan las excarcelaciones y qué ocurre cuando la libertad llega sin tiempo suficiente para organizarla?

Durante meses o años, la institución regula horarios, movimientos, comunicaciones, recursos económicos y numerosas decisiones de la vida cotidiana. Cuando se abre la puerta, la persona debe orientarse, desplazarse, administrar el dinero disponible, recuperar contactos, buscar alojamiento, atender su salud y comprender una situación jurídica y personal que puede haber cambiado en unas pocas horas.

El rastrillo se abre, pero la autonomía no aparece con el ruido de la cerradura.

La excarcelación ocurre en un momento concreto. La reincorporación a la comunidad constituye un proceso mucho más amplio. En él intervienen la vivienda, la documentación, la salud física y mental, el transporte, los ingresos, los vínculos familiares, las relaciones sociales y el acceso efectivo a los recursos públicos. También pesan cuanto sucedió antes del ingreso, los efectos del encarcelamiento y las condiciones que esperan al otro lado. Cuando estos elementos permanecen desconectados, la libertad puede comenzar como una cadena de problemas antes de que exista una oportunidad real de reconstrucción (Visher & Travis, 2003).

Nadie regresa a una comunidad abstracta.

Se vuelve a una vivienda o a su ausencia, a unos vínculos o a su ruptura, a una red de apoyo o a varias puertas cerradas.

No todas las salidas pueden prepararse con el mismo margen. Algunas dependen de resoluciones judiciales o de circunstancias sobrevenidas. Precisamente por eso deben existir cauces ágiles para comprobar lo esencial cuando la excarcelación llega con poco tiempo: que la persona comprende su situación, dispone de la documentación necesaria, sabe cómo desplazarse, puede mantener la atención sanitaria que precise y cuenta con un alojamiento, un recurso de emergencia o una referencia concreta a la que acudir.

No hace falta construir una estructura desmesurada. Hace falta impedir que lo elemental dependa de una casualidad.

La Ley Orgánica General Penitenciaria establece que, en el momento de la excarcelación, deben entregarse el saldo de la cuenta de peculio, los efectos depositados y la documentación correspondiente. Cuando la persona carezca de medios económicos, han de facilitarse los necesarios para llegar a su residencia y atender sus primeros gastos. La misma ley atribuye a las instituciones penitenciarias una labor asistencial respecto de las personas internas y liberadas, mientras que el Reglamento Penitenciario contempla la coordinación con las redes públicas y el acceso a los servicios y prestaciones sociales disponibles (Ley Orgánica 1/1979, arts. 1, 17.4 y 74; Real Decreto 190/1996, arts. 227-229).

Preparar la vida en libertad debe comenzar antes de la libertad. Cuando eso no sea posible, la coordinación tiene que moverse con la rapidez que exige la situación. Un expediente puede recoger fechas, informes y resoluciones. No puede esperar un autobús, buscar alojamiento ni acompañar durante las primeras horas.

Ante una necesidad concreta debemos atender primero a quien tenemos delante. Después, sin utilizar su vulnerabilidad como argumento retórico, debemos preguntarnos qué falló o qué puede mejorarse para evitar que la situación vuelva a depender de la buena voluntad de quienes se encontraban allí.

Es en este punto, y no como una imagen añadida desde fuera, donde el Evangelio del 2 de agosto adquiere todo su peso.

Dadles vosotros de comer

La multitud estaba cansada y hambrienta. Se había hecho tarde, el lugar estaba apartado y los discípulos propusieron que la gente se marchara para buscar alimento por su cuenta.

Jesús respondió: «No hace falta que vayan; dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

El mandato no permite desplazar la necesidad mediante un buen deseo ni despedir a quien necesita ayuda para que resuelva en soledad cuanto tenemos delante. Pero tampoco atribuye a todos las mismas funciones ni permite confundir la colaboración con la sustitución de responsabilidades.

Quienes acompañamos desde el voluntariado no podemos pasar de largo cuando la necesidad aparece ante nosotros. Nuestros cinco panes y dos peces pueden ser una escucha, una llamada, un desplazamiento, una gestión, unas horas de compañía o el contacto con algún recurso. Lo poco continúa siendo poco, pero puede resultar decisivo cuando llega a tiempo.

La Administración, por su parte, debe responder desde sus obligaciones jurídicas, institucionales y operativas. Le corresponde preparar, informar, coordinar y asegurar las continuidades necesarias. La solidaridad ciudadana puede acompañar y atender una urgencia, pero no debe convertirse en el mecanismo ordinario mediante el cual se cubren carencias de planificación.

El voluntariado no puede mirar hacia otro lado, pero la Administración tampoco puede confiar en que el voluntariado se encuentre allí por casualidad.

Colaborar no significa sustituir. Las entidades sociales aportan cercanía, presencia y apoyo comunitario. Para hacerlo bien necesitan cauces claros, derivaciones responsables y coordinación con los servicios públicos. La comunidad no debe quedarse fuera de la prisión, pero tampoco puede asumir obligaciones que corresponden a los poderes públicos.

En la multiplicación de los panes, la compasión no se confundió con la improvisación. Jesús vio la necesidad, preguntó qué había disponible, organizó a la gente y dispuso que el alimento llegara a todos. Lo poco fue compartido, pero antes hubo que mirar, ordenar y repartir.

Ahí se encuentran las dos líneas de nuestro Eje 25. El artículo 25.2 de la Constitución exige que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estén orientadas hacia la reeducación y la reinserción social. Mateo 25 compromete a quien entra en prisión y se encuentra con una necesidad concreta. La responsabilidad pública no puede disolverse en la caridad privada, pero la responsabilidad personal tampoco puede esconderse siempre detrás de las competencias administrativas (Constitución Española, 1978, art. 25.2).

El concierto, el videofórum y aquella excarcelación no son escenas equivalentes ni necesitan ser ordenados como etapas de una misma secuencia. Son experiencias distintas que, dentro de un mismo periodo, terminan planteando una pregunta común: ¿qué significa reconocer que una persona puede cambiar si no construimos condiciones para que ese cambio encuentre continuidad?

No basta con celebrar durante una tarde las capacidades que permanecían ocultas. Hay que procurar que encuentren un lugar donde desarrollarse. No basta con pedir responsabilidad, esfuerzo y transformación personal. También es preciso que las instituciones, las entidades sociales y la comunidad asuman, cada una desde su lugar, la parte que les corresponde.

El trigo necesita tiempo y cuidado para no ser arrancado junto a la cizaña. El tesoro necesita una mirada capaz de descubrirlo y condiciones para no volver a quedar enterrado. El pan necesita ser organizado y compartido para que llegue a quien lo necesita.

Y quien atraviesa la puerta de una prisión necesita algo más que una calle abierta delante de sus pies...

 ...necesita no marcharse solo.


Fuentes

Archidiócesis de Toledo. (2025, 29 de diciembre). El grupo musical «Somos» comparte la música navideña en el Centro Penitenciario Ocaña I. https://www.architoledo.org/noticias/el-grupo-musical-somos-comparte-la-musica-navidena-en-el-centro-penitenciario-ocana-i/

Conferencia Episcopal Española. (2010). Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Biblioteca de Autores Cristianos.

Constitución Española. (1978). Boletín Oficial del Estado, 311, de 29 de diciembre de 1978. https://www.boe.es/eli/es/c/1978/12/27/(1)/con

Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria. (1979). Boletín Oficial del Estado, 239, de 5 de octubre de 1979. https://www.boe.es/eli/es/lo/1979/09/26/1/con

Maruna, S. (2001). Making good: How ex-convicts reform and rebuild their lives. American Psychological Association.

McNeill, F. (2006). A desistance paradigm for offender management. Criminology & Criminal Justice, 6(1), 39–62. https://doi.org/10.1177/1748895806060666

Parroquia Beato Marcelo Spínola. (2026, 29 de junio). El grupo musical SOMOS llevará un concierto de esperanza al Centro Penitenciario Cáceres II. https://parroquiamarcelospinola.es/el-grupo-musical-somos-llevara-un-concierto-de-esperanza-al-centro-penitenciario-caceres-ii/

Real Decreto 190/1996, de 9 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento Penitenciario. (1996). Boletín Oficial del Estado, 40, de 15 de febrero de 1996. https://www.boe.es/eli/es/rd/1996/02/09/190/con

Visher, C. A., & Travis, J. (2003). Transitions from prison to community: Understanding individual pathways. Annual Review of Sociology, 29, 89–113. https://doi.org/10.1146/annurev.soc.29.010202.095931