
Ahora Nos Toca Trabajar
Tras Pentecostés, Trinidad, Corpus, visita del Papa León XIV y última salida programada del curso más Eje 25: responsabilidad, reinserción, justicia y Evangelio
Desde Dentro - lunes, 15 de junio 2026
Cuando no podemos hacer todo
La última salida programada del curso no salió como esperábamos. El calor obligó a dejar para otro momento buena parte de lo previsto. No hubo camino largo, ni paseo con los perros, ni el ritmo habitual de otras jornadas. Tocó frenar, cuidarnos y aceptar que, también en esto, la prudencia forma parte de la responsabilidad.
Pero no faltó lo esencial. Hubo buen ambiente, cercanía entre internos y voluntarios, conversación tranquila, trato humano y esa calidez sencilla que muchas veces sostiene más de lo que parece. La jornada quedó incompleta en actividades, pero no en sentido. No hicimos todo lo previsto; aun así, volvimos con el espíritu lleno.
Algunas salidas paran, la presencia continúa
Ahora se interrumpen hasta septiembre estas salidas que, durante el curso, nos han permitido caminar, trabajar, compartir mesa, colaborar en la Granja de Veterinaria y participar en el cuidado de los perros acogidos. La pausa afecta a esa actividad concreta, no a la presencia de la Pastoral Penitenciaria ni al acompañamiento que seguimos sosteniendo dentro y fuera del centro.
Por eso esta última jornada, más breve y más silenciosa, también nos deja una enseñanza: la libertad no se aprende solo cuando todo sale bien. Se aprende cuando hay que aceptar un límite, cuando aparece la frustración, cuando toca esperar y cuando la confianza se sostiene precisamente porque nadie fuerza lo que no debe forzarse.
Desde dentro y desde el Eje 25
En estos días, la visita del Papa León XIV a España y las lecturas litúrgicas de las últimas semanas nos ayudan a mirar esta experiencia con los dos ojos que intentamos mantener abiertos en Spes-Desde Dentro: el ojo técnico, criminológico, penal, penitenciario y académico; y el ojo creyente, espiritual y evangélico.
No son dos miradas separadas. En el Eje 25 se encuentran Mateo 25, que nos llama a visitar al preso, y el artículo 25.2 de la Constitución, que recuerda la orientación de las penas privativas de libertad hacia la reeducación y reinserción social. Entre ambos no hay una consigna, sino una forma concreta de entrar, acompañar, evaluar, exigir, cuidar y volver.
Una salida que no fue como otras
La última salida programada del curso tuvo poco de jornada redonda. El calor apretó demasiado y obligó a ajustar la mañana. Algunas actividades que normalmente dan cuerpo a estas salidas tuvieron que quedar pendientes. No fue el día que habíamos imaginado.
Puede parecer una anécdota menor, casi una incidencia organizativa. No lo es del todo.
Aunque la jornada quedó recortada, no quedó vacía. Hubo buen ambiente, cercanía entre internos y voluntarios, conversación, confianza y esa forma sencilla de estar juntos que muchas veces vale tanto como la actividad prevista. No pudimos hacer lo habitual, pero sí pudimos cuidar algo fundamental: el vínculo.
En prisión muchas cosas se aprenden precisamente cuando el plan cambia. También fuera, la vida real funciona así. Hay días en los que no se puede hacer lo previsto, límites que no dependen de uno mismo, condiciones que obligan a esperar, actividades que se aplazan y deseos que deben ordenarse. La libertad no consiste en hacer siempre lo que se quiere, sino en aprender a responder bien cuando la realidad no se ajusta a lo que uno esperaba.
Durante el curso, estas salidas, nacidas de la colaboración entre el Centro Penitenciario de Cáceres, la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura y la Delegación de Pastoral Penitenciaria de Coria-Cáceres, han permitido compartir tareas en la Granja de Veterinaria, caminar, comer juntos, conversar y colaborar con el Refugio San Jorge en el cuidado de los perros acogidos. Son actividades sencillas, pero tienen mucho fondo. Precisamente porque no se presentan como grandes acontecimientos, permiten trabajar algo básico y difícil: estar con otros de otra manera.
La libertad como entrenamiento real
Estas salidas no son un premio simpático ni una excursión para romper la rutina. Son espacios de observación, entrenamiento y confianza. La persona privada de libertad sale a un entorno más normalizado, pero no sale al vacío. Sale con normas, con tiempos, con tareas, con profesionales y voluntarios, con otros compañeros y con la obligación de responder bien a una confianza que se le concede de forma prudente.
Ahí se ven cosas que no siempre aparecen igual en un despacho, en una entrevista o en un informe. Se ve si alguien sabe esperar, si acepta una indicación, si mide su frustración, si respeta al grupo, si sostiene una conversación sin ponerse siempre a la defensiva, si cuida una tarea, si entiende que la libertad no consiste en hacer en cada momento lo que a uno le apetece. Se ve, también, cómo reacciona cuando el plan cambia.
Ese dato importa. En un itinerario de reinserción, la respuesta ante la frustración dice mucho. No todo avance se comprueba cuando la jornada es amable, cuando el clima acompaña o cuando la actividad resulta atractiva. A veces se comprueba cuando toca asumir que no se puede hacer lo deseado, que hay que acortar una mañana o que la prudencia manda más que las ganas.
En ese momento también se entrena la libertad: no como expansión sin límite, sino como capacidad de aceptar una realidad, no romper el vínculo y seguir formando parte del grupo.
La reinserción no puede quedarse en una palabra grande. Necesita pruebas pequeñas, concretas y repetidas. Una salida programada permite trabajar hábitos, responsabilidad, vínculo prosocial, autocontrol, convivencia, utilidad y contacto con la comunidad. No sustituye al tratamiento penitenciario, pero lo completa. No borra el delito, pero ayuda a comprobar si la persona empieza a situarse de otra manera ante la vida común.
Preparar regresos, no solo contar condenas
Desde el punto de vista penal conviene decirlo con claridad. La pena privativa de libertad no puede agotarse en separar a una persona de la sociedad hasta que llegue una fecha. El artículo 25.2 de la Constitución habla de reeducación y reinserción social. Esa orientación no se cumple por repetirla, sino por construir itinerarios reales.
Un permiso, una salida, una actividad comunitaria o una experiencia de voluntariado no son simples concesiones. Bien planteadas, son instrumentos para preparar el regreso, reducir riesgos, fortalecer factores de protección y comprobar avances. También permiten detectar fragilidades. La intervención seria no consiste en fingir que todo va bien, sino en observar, acompañar, corregir y ajustar.
Y casi todos regresan. Esa verdad se olvida demasiado cuando se habla de prisión desde fuera. Regresan al barrio, a la familia, al trabajo que tal vez no tienen, a las amistades de antes, a la deuda, a la vergüenza, a la tentación de volver a lo conocido o al miedo de no saber empezar. Por eso, si queremos una sociedad más segura, necesitamos algo más que encierro. Necesitamos preparar mejor los regresos.
La seguridad no se construye solo cerrando puertas. A veces se construye abriendo algunas, de forma prudente, acompañada, evaluada y responsable, antes de que la puerta se abra del todo y ya no haya margen para preparar nada.
La ley ante la dignidad de la persona
En el Congreso de los Diputados, León XIV dejó una frase que atraviesa de lleno cualquier reflexión penitenciaria seria: “Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.”
La frase no relativiza la ley. La ennoblece. Recuerda que el Derecho no se agota en su producción formal ni en su fuerza obligatoria. Una norma puede estar correctamente aprobada, puede desplegar efectos, puede organizar procedimientos y, sin embargo, debe seguir preguntándose a quién protege, a quién deja fuera, qué dignidad custodia y qué humanidad permite reconocer.
En prisión, esa pregunta resulta especialmente exigente. La ejecución penal está llena de normas, plazos, informes, acuerdos, resoluciones, permisos, progresiones, sanciones, clasificaciones y controles. Todo eso es necesario. Una prisión sin norma sería arbitrariedad. Pero una prisión que solo viera norma y olvidara dignidad correría el riesgo de convertirse en una maquinaria impecable y, al mismo tiempo, insuficiente.
El artículo 25.2 de la Constitución no es una frase decorativa. Obliga a mirar la pena desde la reeducación y la reinserción social. Eso no elimina la responsabilidad penal ni diluye la gravedad del delito. Al contrario, sitúa la respuesta penal dentro de un horizonte más humano y más exigente: proteger a la sociedad, reconocer a las víctimas, exigir responsabilidad al penado y abrir caminos reales para que el regreso no sea una simple fecha, sino un proceso trabajado.
Una ley penitenciaria, una resolución administrativa o una decisión de tratamiento también deben poder comparecer ante la dignidad de la persona. Ante la dignidad de la víctima, que no puede quedar olvidada. Ante la dignidad de la persona presa, que no queda reducida a su expediente. Ante la dignidad de los profesionales, que necesitan medios y respeto para trabajar bien. Ante la dignidad de la comunidad, que tiene derecho a seguridad, pero también responsabilidad en la reintegración de quienes volverán a vivir en ella.
La comunidad también entra en el tratamiento
Ahí entra también la comunidad. Hace unos días, en la reunión del Consejo Social Penitenciario Local, se reconoció la labor continua de la Pastoral Penitenciaria. Ese reconocimiento se agradece, pero no es una medalla para guardar. Es una responsabilidad.
La reinserción no es tarea exclusiva de Instituciones Penitenciarias. Necesita administración, profesionales, entidades sociales, universidad, voluntariado, familias y recursos comunitarios. Necesita coordinación. Necesita continuidad. Necesita que la sociedad no aparezca solo al final, cuando la persona sale, sino antes, mientras todavía se puede acompañar el proceso.
La Pastoral Penitenciaria no sustituye a nadie. No invade funciones técnicas, regimentales ni administrativas. Pero aporta algo que el sistema necesita: presencia estable, vínculo, escucha, acompañamiento, memoria de las personas concretas y una forma de estar que no se agota en el expediente. Cuando esa presencia se coordina bien, cuando respeta los límites institucionales y cuando trabaja con seriedad, se convierte en un recurso comunitario de primer orden.
Además, lo hace durante todo el año. También cuando hay cansancio. También cuando surgen situaciones complicadas. También cuando algunas actividades se reducen por las condiciones propias del verano. La prisión no se detiene porque llegue julio o agosto. Tampoco se detienen las familias, las esperas, las llamadas, las preocupaciones ni los procesos personales de quienes siguen dentro.
Ahora se interrumpe una actividad concreta, no la tarea. Cambian algunos ritmos, pero seguimos desde la presencia posible, desde la coordinación, desde la escucha, desde la preparación de lo que vendrá y desde esa fidelidad pequeña que muchas veces no se ve, pero sostiene.
De Pentecostés al día a día: una Palabra que no se queda en domingo
La entrada anterior a esta en el blog ya nos permitió detenernos con más amplitud en Pentecostés. Allí aparecía con fuerza esa Iglesia que no permanece encerrada, que recibe el Espíritu y aprende a hablar de modo que otros puedan entender. Esa lectura sigue siendo necesaria en prisión, donde hay tantos lenguajes rotos: el del expediente, el de la culpa, el de la desconfianza, el de la familia cansada, el del interno que ya no sabe pedir sin defenderse y el del profesional que muchas veces trabaja al límite.
Pero la Palabra no se agota en la solemnidad del domingo. También nos va educando en la continuidad de los días, en esa liturgia más discreta que acompaña el trabajo diario, la espera, la reunión, la salida que no pudo hacerse como estaba prevista y la presencia que continúa cuando se interrumpe una actividad concreta.
La Trinidad nos recordó este domingo que Dios no es soledad. Dios es relación. Y esto, dentro de prisión, se entiende enseguida. Nadie se rehace solo. La responsabilidad personal es imprescindible, pero necesita vínculos donde poder ejercerse. Una persona puede decir muchas cosas en una entrevista; otra cosa es verla compartir una jornada, aceptar límites, trabajar con otros, cuidar un animal, regresar al centro y asumir que la confianza recibida no era un derecho sin más, sino una oportunidad.
La soledad deteriora. La mala compañía también. Pero el vínculo sano, exigente y respetuoso puede ordenar mucho. En prisión, donde tantas biografías llegan atravesadas por rupturas familiares, adicciones, violencia, fracaso escolar, precariedad, impulsividad o vínculos dañados, aprender a relacionarse de otra manera no es un adorno. Es parte del camino. No basta con pedir responsabilidad; hay que crear ocasiones donde esa responsabilidad pueda practicarse ante otros.
El Corpus, que ya asoma en el horizonte litúrgico, nos lleva todavía más al suelo. Cristo no se queda guardado. Sale. Se parte. Se entrega. Se hace pan para el camino. Una Pastoral Penitenciaria que quiera parecerse mínimamente a ese Cristo no puede quedarse en palabras bonitas. Tiene que entrar, volver, escuchar, celebrar, acompañar permisos, sostener salidas, estar cuando hay buen ánimo y cuando hay cansancio.
La fe que no pisa el patio, que no escucha la historia concreta y que no aguanta la incomodidad de los procesos acaba siendo demasiado cómoda. Corpus no es solo procesión, solemnidad o belleza litúrgica. Es también una pregunta incómoda: si Cristo sale al camino, ¿dónde debe estar su Iglesia? Para nosotros, una parte de la respuesta está dentro de la prisión, en los módulos, en las celebraciones, en las conversaciones, en las salidas, en los permisos, en los días luminosos y en los días en que apenas se puede hacer más que estar cerca.
Y entonces llegan, casi sin pedir permiso, las lecturas de hoy, 15 de junio de 2026, tan bien traídas para lo que estamos viviendo. La viña de Nabot nos muestra cómo el poder puede manipular la ley para quedarse con lo que quiere. Es una advertencia seria: la justicia puede corromperse cuando se pone al servicio del interés, del abuso o de la apariencia legal. También puede corromperse cuando olvida al débil, cuando convierte el procedimiento en coartada o cuando deja de preguntarse a quién protege realmente.
El Evangelio, con la llamada de Jesús a superar el “ojo por ojo”, no pide dejar el mal sin respuesta. Pide no responder al mal copiando su lógica.
Esto toca de lleno la cárcel. La pena no puede ser venganza. Tiene que ser justa, proporcionada, responsable y orientada al bien común. Si la pena se convierte solo en devolución de sufrimiento, quizá calme algo durante un momento, pero no reconstruye nada. Tampoco prepara el regreso. Tampoco repara por sí sola a la víctima. Tampoco mejora la convivencia.
La justicia restaurativa empieza precisamente ahí: mirar el daño de frente, reconocer a la víctima, exigir responsabilidad, no imponer perdones falsos y abrir, cuando sea posible, caminos de reparación. No se trata de blandura. Se trata de no dejar que el mal tenga la última palabra.
Así leída, la Palabra acompaña todo el arco de estos días. Pentecostés nos enseña a recomponer lenguajes rotos. La Trinidad nos recuerda que nadie se reconstruye solo. El Corpus nos empuja a salir y hacernos pan compartido. Nabot nos advierte contra una justicia puesta al servicio del abuso. Y el Evangelio de hoy nos pide no confundir justicia con venganza.
León XIV en España: mirar donde otros apartan la vista
La visita del Papa León XIV a España ha venido a reforzar esta misma dirección. En CEDIA, en el Congreso de los Diputados, en Brians 1 y en Canarias ha puesto delante de todos a quienes muchas veces quedan al margen o son convertidos en categoría: pobres, presos, migrantes, personas solas, descartadas, frágiles o etiquetadas antes incluso de ser escuchadas.
En Brians 1 dijo algo que conviene guardar bien: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!” Es una frase profundamente evangélica y, al mismo tiempo, de enorme densidad penitenciaria.
Dios te ama como eres. Eso significa que ninguna persona queda definitivamente expulsada de la mirada de Dios. Ni siquiera cuando ha hecho daño. Ni siquiera cuando carga con una condena. Ni siquiera cuando su historia está atravesada por errores, fracaso, violencia, culpa o vergüenza.
Pero te sueña mejor. Ahí está la exigencia. El amor cristiano no encubre, no banaliza, no deja a la persona instalada en lo peor de sí misma. Amar no es decir que todo da igual. Amar es reconocer una dignidad que permanece y, precisamente por eso, pedir conversión, responsabilidad, reparación, verdad y cambio.
Leída desde la prisión, esa frase evita dos errores. Evita el descarte, porque nadie queda reducido para siempre a su delito. Y evita la ingenuidad, porque nadie puede usar el amor recibido como excusa para no responder por el daño causado. El sueño de Dios no es una coartada sentimental. Es una llamada a levantarse de otra manera.
Ahora nos toca trabajar
Al despedirse de España, León XIV dejó a los obispos una frase breve y directa: ahora les tocaba trabajar. Mons. Luis Argüello la entendió como una llamada a que lo vivido durante el viaje no quedara solo en unos días de emoción, sino que pudiera ser acompañado, continuado y convertido en virtud y en trabajo.
Esa frase se dirige a los obispos. A ellos corresponde pastorear, orientar, discernir y cuidar la comunión de la Iglesia. Pero una Iglesia sinodal no puede escuchar esa llamada como si fuera una tarea ajena, reservada solo a quienes tienen responsabilidades episcopales. Bajo el pastoreo de los obispos, nos toca también a todos: comunidades, parroquias, delegaciones, voluntariado, entidades sociales, familias creyentes y personas que, desde su lugar concreto, sostienen la presencia de la Iglesia allí donde la vida duele más.
En nuestro caso, ese “ahora os toca trabajar” pasa por la prisión. Pasa por no dejar que la visita a Brians 1 sea solo una imagen potente del viaje. Pasa por seguir entrando, escuchando, acompañando, coordinando, formándonos, revisando lo que hacemos y preparando mejor lo que vendrá. Pasa por no refugiarnos en excusas cuando llega el cansancio, cuando el calendario se complica, cuando una actividad debe esperar o cuando los procesos personales no avanzan al ritmo que nos gustaría.
También pasa por estar presentes allí donde la prisión se piensa, se coordina y se abre a la sociedad. La jornada del próximo día 18 de junio de 2026 sobre justicia restaurativa, organizada por el CIS, encaja precisamente en esa continuidad. Algunas salidas se detienen hasta septiembre, pero no se detiene el Eje 25. La actividad creyente y ciudadana sigue adelante, también cuando se expresa con lenguaje técnico, jurídico, criminológico y restaurativo. Hablar de mediación, reparación del daño, medidas alternativas y responsabilidad comunitaria no nos aparta de lo que venimos haciendo; lo prolonga en otro espacio.
La sinodalidad no es una palabra para reuniones largas. Es caminar juntos. Y caminar juntos, en Pastoral Penitenciaria, significa asumir que la reinserción, la dignidad, la justicia restaurativa, el acompañamiento espiritual, la responsabilidad penal y la presencia comunitaria no pueden quedar en manos de unos pocos. Cada uno desde su sitio, pero nadie mirando hacia otro lado.
Eje 25: ni ingenuidad ni descarte
Ese es nuestro Eje 25 cuando se baja al barro. Mateo 25 nos empuja a visitar al preso sin convertir la visita en gesto decorativo. El artículo 25.2 nos recuerda que la pena debe mirar hacia la reinserción, no solo hacia el encierro. Entre ambos no hay teoría vacía. Hay permisos, salidas, informes, víctimas, familias, recaídas, avances, prudencia, confianza, cansancio y acompañamiento.
La frase del Papa ante el Parlamento ayuda a precisar este punto. La ley no se rebaja cuando se la examina desde la dignidad humana. Se vuelve más alta, más limpia, más responsable. En materia penitenciaria, ese examen no puede hacerse desde la comodidad del discurso. Debe hacerse en los expedientes, en las decisiones de tratamiento, en las salidas, en la atención a las víctimas, en las medidas alternativas, en la mediación penal y penitenciaria, en la preparación del regreso y en la forma concreta de mirar a cada persona.
Por eso nos sirve también la advertencia de monseñor Luis Argüello tras el viaje del Papa. No se trata de usar las palabras del Papa para acercarlas al interés particular de cada uno, sino de recibirlas con anchura de corazón. En prisión esa anchura es imprescindible. Si miramos solo el delito, dejamos de ver a la persona. Si miramos solo a la persona, podemos olvidar el daño. Si miramos solo la norma, se nos escapa el proceso. Si miramos solo la compasión, podemos perder la justicia.
Hace falta mirar todo junto, aunque sea más difícil. La víctima y el penado. La seguridad y la reinserción. La norma y la biografía. La responsabilidad y la esperanza. El control y la confianza. La prudencia y la oportunidad. Esa anchura no es ambigüedad. Es madurez.
Y ahora toca trabajar. Sin grandes excusas. Sin esperar a que todo sea perfecto. Sin convertir la emoción de estos días en recuerdo bonito, pero inofensivo. Si el Papa ha alzado la mirada hacia las cárceles, los pobres y los migrantes, la comunidad creyente no puede bajarla justo cuando empieza lo más difícil: continuar.
Pobres, presos y etiquetas
También el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de los Pobres nos toca de cerca. León XIV ha advertido, según recogía Vida Nueva, que el clamor de los vulnerables puede ser acallado mediante técnicas cada vez más sutiles y que el ambiente digital puede aumentar los prejuicios y la indiferencia. En prisión lo sabemos bien. A veces no hace falta insultar a nadie para quitarle rostro. Basta hablar siempre de “los presos”, “los delincuentes”, “los irrecuperables”, “los conflictivos” o “los de siempre”.
La etiqueta repetida acaba funcionando como una segunda condena.
Y aquí conviene ser claros: no se trata de negar el delito ni de esconder el daño causado. Se trata de impedir que la persona quede completamente absorbida por una palabra que la clausura. Cuando alguien queda reducido a etiqueta, dejamos de preguntarnos qué necesita, qué debe asumir, qué puede reparar, qué riesgo presenta, qué apoyos requiere, qué límites necesita y qué posibilidades reales tiene. La etiqueta tranquiliza al que mira desde fuera, pero rara vez ayuda a intervenir mejor.
Frente a eso, nuestra respuesta no puede ser solo discursiva. Tiene que ser presencia. Entrar. Volver. Escuchar. Acompañar. Celebrar. Coordinar. Evaluar. Aprender. Corregir. Sostener. Y también saber esperar, porque cuidar los procesos incluye cuidar a las personas.
Algunas salidas paran; el trabajo sigue
Ahora esas salidas hacen una pausa hasta septiembre. Las personas voluntarias las echaremos de menos. Pero quienes más notarán esta interrupción serán probablemente los internos e internas que han encontrado en ellas una de las pocas oportunidades de salir a un espacio distinto, sentirse útiles y comprobar que todavía pueden responder a una confianza.
No será una pausa vacía si sabemos cuidarla. Habrá menos salidas de este tipo, cambiarán algunos ritmos, pero seguirá la tarea de fondo. La Pastoral Penitenciaria no termina cuando se interrumpe una actividad concreta. La presencia continúa, de otras formas, con otros tiempos, en otros espacios, sosteniendo lo posible y preparando lo que vendrá.
También continúa el trabajo compartido con otros. La jornada del CIS será una de esas ocasiones para seguir diciendo, con lenguaje técnico y con raíz creyente, que la pena no puede cerrarse sobre sí misma; que la víctima no puede quedar olvidada; que la persona penada debe responder por el daño causado; y que la comunidad no puede desaparecer del proceso si de verdad queremos hablar de reinserción.
El Papa, ya de vuelta en Roma, ha bendecido a España. La visita ha terminado. Pero ahora viene lo importante: qué hacemos con lo escuchado cuando todo vuelve a la rutina.
Pentecostés nos pide aprender a hablar de otra manera.
La Trinidad nos recuerda que nadie se reconstruye solo.
El Corpus nos empuja a salir y hacernos pan compartido.
La viña de Nabot nos advierte contra una justicia puesta al servicio del abuso.
El Evangelio de hoy nos pide no confundir justicia con venganza.
Y la prisión nos pone delante algo muy concreto: la libertad no empieza solo cuando se abre definitivamente una puerta. A veces empieza antes, en una salida acompañada, en una tarea cumplida, en una comida compartida, en un perro al que se cuida, o incluso en un día en el que hay que aceptar que no se puede hacer lo previsto.
A veces la libertad también aprende esperando.
Y mientras algunas salidas esperan septiembre, nosotros seguimos trabajando.
Fuentes
Argüello, L. (2026, 13 de junio). Hace falta más anchura de corazón [Entrevista de J. Beltrán]. Vida Nueva. https://www.vidanuevadigital.com/2026/06/13/luis-arguello-hace-falta-mas-anchura-de-corazon/
Biblia de Jerusalén. (2019). Biblia de Jerusalén. Desclée De Brouwer.
Cárdenas, N. de. (2026, 12 de junio). Último mensaje del Papa León XIV a los obispos españoles: “Ahora os toca a vosotros trabajar”. ACI Prensa. https://www.aciprensa.com/noticias/125991/ultimo-mensaje-de-leon-xiv-a-los-obispos-espanoles-ahora-os-toca-vosotros-trabajar
Con el Papa. (2026, 10 de junio). León XIV en la cárcel de Brians 1: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”. https://conelpapa.es/prensa/leon-xiv-en-la-carcel-de-brians-1-dios-te-ama-como-eres-pero-te-suena-mejor
León XIV. (2026, 6 de junio). Viaje apostólico a España: Visita a los operadores y asistidos del proyecto social “CEDIA 24 Horas”. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260606-spagna-caritas-madrid.html
León XIV. (2026, 8 de junio). Viaje apostólico a España: Encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260608-spagna-parlamento.html
León XIV. (2026, 10 de junio). Viaje apostólico a España: Visita al Centro Penitenciario “Brians 1”. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260610-spagna-visita-penitenziario.html
León XIV. (2026, 14 de junio). Ángelus. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260614-angelus.html
Vatican News. (2026, 13 de junio). El video resumen del viaje apostólico del Papa a España. https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2026-06/el-video-resumen-del-viaje-apostolico-del-papa-a-espana.html
Vatican News. (2026, 15 de junio). Evangelio y palabra del día: 1 Reyes 21, 1-16; Mateo 5, 38-42. https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/06/15.html
Vida Nueva. (2026, 14 de junio). León XIV, desde el Vaticano y en español: “¡Que Dios bendiga siempre a España!”. https://www.vidanuevadigital.com/2026/06/14/leon-vaticano-espanol-dios-bendiga-siempre-espana/
Vida Nueva. (2026, 15 de junio). León XIV alza la voz contra la indiferencia digital y ofrece la Iglesia como refugio de los excluidos. https://www.vidanuevadigital.com/2026/06/15/leon-alza-voz-indiferencia-digital-ofrece-iglesia-refugio-excluidos/amp/