Desde Dentro, 5 de enero 2026 - Artabán En La Cuarta Galería

Publicado el 5 de enero de 2026, 12:46

El Valor De Llegar Tarde

Desde Dentro - lunes, 5 de enero 2026

Cuentan que Artabán estuvo treinta años buscando al Mesías para darle sus presentes. Mientras sus compañeros Melchor, Gaspar y Baltasar descansaban ya en sus moradas y empezaban a convertirse en historia viva, presentes en el Evangelio, él seguía recorriendo caminos polvorientos, con las manos cada vez más vacías y el corazón cada vez más lleno de nombres de desconocidos.

Este año, cuando volvamos a entrar en centros penitenciarios, nos sentiremos como ese cuarto rey; pero también sentiremos que los hombres y mujeres a los que visitamos son, a su vez, "Artabanes" que se perdieron en una mala decisión, en una estructura social injusta o en una herida no sanada.

Con demasiada frecuencia la sociedad mira hacia la prisión y solo ve el "retraso" que tuvo toda su vida Artabán, el cuarto rey mago: vidas que llegaron tarde a la madurez, a la ley, a la familia. Sin embargo, desde nuestra mirada, sabemos que el proceso de desistimiento, el abandono de las actitudes que le llevaron dentro, no es un evento mágico, sino un proceso largo, complicado y lleno de curvas y altibajos; algo parecido al viaje del cuarto mago.

Desde la criminología aprendemos que la reinserción no se logra solo con muros y reglamentos, sino a través de la identidad narrativa. Y lo hace mutando la autopercepción como "un delincuente", incluso aprendiendo a dejar de delinquir, para empezar a verse como "un ser humano que ayuda".

Cada vez que un interno comparte su poco café con otro, un cigarrillo o, sencillamente, se detiene a escuchar al compañero hundido, está entregando su zafiro o su rubí. Está dejando de ser un "reo" para ser un "Artabán" en camino.

Nuestra presencia en los centros no es un "añadido" sentimental; es una pieza clave en el tratamiento. La ciencia penitenciaria habla del Capital Social: esos vínculos de confianza que permiten a una persona seguir sosteniéndose cuando el sistema, la propia sociedad lo etiqueta, lo marca, lo estigmatiza o lo discrimina.

Nosotros, la Pastoral Penitenciaria, representamos la mayoría del voluntariado en España y no solo una cuestión estadística, sino por una vocación de permanencia. Mientras otros programas tienen fecha de inicio y fin, nosotros estamos en casi todos los centros, semana tras semana, sin vacaciones, sin frio ni calor. Somos la presencia gratuita.

Si el sistema es justicia (necesaria), nosotros, la Pastoral somos gratuidad (imprescindible).

El interno sabe que el funcionario cobra por estar allí y que el psicólogo evalúa para un informe. Pero cuando nos ve dentro, a su lado, sabe que estamos allí por él.

Precisamente, esta "gratuidad" es el único catalizador capaz de romper la coraza de la subcultura carcelaria y permitir la verdadera reeducación que exige el Art. 25.2 de nuestra Constitución y Mateo 25, 36.

Artabán no encontró al Rey en un trono, sino en una cruz. Nosotros no encontramos la redención en el éxito de una reinserción perfecta, sino en el acompañamiento del fracaso. Además, reivindicamos nuestra labor desde la evidencia de la humanidad. Somos los que, desde la humildad y la entrega, recogen los pedazos de las joyas que Artabán fue perdiendo por el camino. Somos quienes recordamos a las instituciones que, tras el número de expediente y el grado de tratamiento, hay una dignidad humana y trascedente que nada, ni siquiera el delito más grave, puede borrar.

No debemos jamás sentirnos frustrados si parece que "llegamos tarde" como Artabán o si las manos parecen vacías tras años de voluntariado. El cuarto rey mago llegó a Jerusalén cuando el Mesías moría, y fue entonces cuando escuchó que su viaje había sido perfecto.

Cuando escuchemos el chirrido del rastrillo o el portazo de la reja a nuestras espaldas al salir de la prisión, solo tenemos que recordar que nuestras horas de escucha, nuestros paseos por el patio y nuestra insistencia en creer en quien nadie cree, son las perlas que Artabán entregó para ayudar a salvar al mundo.

Sigamos siendo ese cuarto rey que se detiene en las cunetas de nuestra historia penitenciaria. Porque es allí, y no en otro lugar, donde el Rey nos espera.