
Parecía Hecho De Raíces De Árboles
Desde Dentro - viernes, 17 de octubre 20265
Pasado mañana, 19 de octubre, celebramos la fiesta de San Pedro de Alcántara, un santo para mí muy especial y no solo porque repita una triple condición, “Tres Pilares”, que lo hacen para mí único: es mi tocayo, es mi paisano y Patrón de mi pueblo, diócesis y región de Extremadura.
Si todo quedara ahí, solo sería una anécdota, una celebración más, con ese extra de triple coincidencia… pero resulta que vi la imagen que compartió ayer Alfonso.
Y esta imagen me dio un “pellizco” al alma.
Lo compartido por Alfonso (la imagen, compartida por un hermano voluntario de otra Diócesis) es una noticia sobre la nueva exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi te ("Te he amado"), firmada el 4 de octubre de 2025 y que subió a su historia de WhatsApp. Esas preguntas abiertas:
- ¿por qué ahora un texto sobre los pobres?,
- ¿qué tiene que ver con la santidad?,
- ¿bastan oración y sacramentos o hace falta compromiso social?
me tocaron hondo.
Esas preguntas y la coincidencia de las fechas de la fiesta de mi Patrón me parecen un "signo de los tiempos", como decía el Papa Juan XXIII al convocar el Vaticano II. Esos “signos de los tiempos” son eventos donde podemos encontrar para discernir la voz de Dios en el mundo actual, llamándonos a actualizar nuestra fe frente a las injusticias y las necesidades humanas.
Y aquí, como el libro del Apocalipsis en el que se inspira León XIV para su exhortación, todo converge: la fiesta de San Pedro, esta exhortación y las redes que nos unen, como este WhatsApp donde compartiremos esta nota.
San Pedro, "hecho de raíces de árboles" por su flaqueza según Santa Teresa –quien lo vio como un santo de "este tiempo" con espíritu antiguo, penitencia radical (durmiendo hora y media de rodillas, comiendo cada tres días, pobreza extrema) pero afable y entregado–, encarna ese compromiso humilde: entrega a Dios que se hace carne en el servicio a los marginados, evangelizando con constancia y cercanía.
En Dilexi te, León XIV, heredando el legado de Francisco, nos urge a lo mismo: amar a los pobres como Cristo los ama (Apocalipsis 3,9), integrando oración que impulsa acción, sacramentos que fortalecen servicio, y lucha contra injusticias (escuchando su "grito" como en Éxodo 3,7-10).
En las prisiones donde acudimos, vivimos esto como signo vivo: vemos a Dios en cada rostro herido, desde un compromiso callado, humilde, con bonhomía y una penitencia bien entendida como entrega, no castigo.
Pero también reivindicamos, con espíritu evangélico, reformas legales urgentes: prisiones más humanas, respetando derechos, centradas en reinserción y resocialización, algo íntimamente unido al perdón evangélico, perdón que restaura y libera y nunca juzga.
No podemos callar ante condiciones que deshumanizan; nuestra fe nos impulsa a trabajar con la fuerza de nuestras raíces por ellas, como San Pedro de Alcántara lo haría hoy.
Os invito a reflexionar estos días: ¿cómo leer estos signos en nuestra entrega? Sigamos juntos, ayudando a transformar vidas (y con ello las nuestras) con misericordia, humildad y entrega.
Un fortísimo abrazo para todos.