Desde Dentro, 21 de julio 2025 - Solo Una Cosa Es Importante

Publicado el 21 de julio de 2025, 10:54

Solo Una Cosa Es Importante

Desde Dentro - lunes, 21 de julio 2025

Siento algo de envidia de Marta y María; ellas tuvieron la fortuna de que Jesús fue a visitarla, pero en nuestro caso, tenemos que pasar controles, arcos de seguridad, verjas, vallas, muros, caras inquisitivas…y después oír esos ruidos, ver esos rostros agotados, cansados, desesperados a veces, pero que son la presencia viva de ese Jesús encarnado en cada uno de los internos privados de libertad. Precisamente por esto último hemos de dar el paso y no esperar que Cristo nos visite.

Precisamente me ayudan las palabras del Señor para evitar lo que me pasó la semana pasada; el fuerte sonido del rastrillo estuvo seguido de un susurro que me decía: “Te preocupas y te inquietas por muchas cosas, pero solo una es necesaria”.

¿Me preocupo y me inquieto por la duda entre ser el samaritano de la semana pasada o por ser la María que escucha serena la palabra del Amigo? Y cada vez que me hago esa pregunta, vuelve la respuesta: “Solo una cosa es importante”; para nosotros es no perder de vista que cada vida rota, cada dolor, cada problema que se nos confía es encarnación del Dios hecho Hombre, que cada palabra de consuelo, cada gesto de ayuda, cada taller, cada sesión de formación, cada expediente estudiado, es hacer real algo que los benedictinos nos propusieron hace siglos: “Ora et labora” o, mejor incluso, seguir los consejos de Santa Teresa de Jesús cuando nos recordaba que “También entre pucheros anda el Señor”, aunque en nuestro caso anda entre barrotes, sentencias, injusticia y dolor.

Entre los muros y concertinas tampoco se separa el rezar y el trabajar: Rezar es dejarse tocar por la vida rota de quienes viven entre rejas, permitiendo que su dolor se vuelva súplica, presentando al Padre su historia cuando ellos ni siquiera logran ponerle palabras.

Trabajar es comprometerse, sanar, estar atentos, como Marta y como el samaritano: acercar un libro que despierte esperanzas, organizar talleres que hagan brotar talentos, tender puentes hacia los sacramentos y dar calor a una familia que espera afuera.

Si solo actuara, terminaría agotado y vacío. Si solo orara, me alejaría del dolor real de Cristo vivo, que sigue esperando tras los barrotes. Por eso cada visita se convierte en un pequeño altar: escuchar se hace oración silenciosa, y cada gesto de ayuda se transforma en un acto de fe.

Cuando escucho el golpe del cerrojo y el eco retumba mientras avanzo por el pasillo, me repito que aquí el protagonista es Él, no yo. Que soy solo un mensajero algo torpe, apresurado como Marta, pero al mismo tiempo invitado a detenerme, aunque sea un instante, con la ternura de María, mirando a Jesús a través de unos ojos cansados.