Desde Dentro, 9 de marzo 2026 - Junto al Pozo

Publicado el 9 de marzo de 2026, 0:00

Junto al Pozo

Conocimiento, encuentro y responsabilidad en la intervención penitenciaria

Desde Dentro - lunes, 9 de marzo 2026

La semana pasada hemos vivido unos momentos que, sin grandes titulares ni solemnidades innecesarias, tienen bastante significado para el camino que estamos intentando recorrer.

Nos hemos reunido con estudiantes de Criminología, Derecho y Doble Grado de la Universidad de Extremadura para presentar el Programa Tres Pilares y explicar el sentido de la Clínica Criminológica que comienza ahora su recorrido. La intención es sencilla, aunque no menor: abrir un espacio donde la universidad, la experiencia práctica y la reflexión criminológica puedan encontrarse con naturalidad.

No era una charla motivacional ni una invitación genérica al voluntariado.

Era algo más concreto: explicar que la realidad penitenciaria exige comprensión, método y conocimiento, y que la universidad puede (y debe) formar parte de ese esfuerzo.

Porque el sistema penitenciario es uno de esos lugares donde se cruzan algunas de las preguntas más difíciles de nuestra sociedad: la responsabilidad por el delito, la protección de las víctimas, la seguridad pública y, al mismo tiempo, la posibilidad real de que una persona reconstruya su vida.

Y precisamente ahí aparece el horizonte que nuestro propio ordenamiento jurídico fija con claridad.


El Eje 25

En el Programa Tres Pilares solemos referirnos a lo que llamamos el Eje 25. Es, por decirlo de forma sencilla, la brújula que orienta nuestra forma de entender la intervención en el ámbito penitenciario.

Ese eje se sostiene sobre dos referencias que dialogan entre sí.

La primera pertenece a una tradición muy antigua: el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, donde aparece esa escena directa y sin rodeos en la que el criterio último de humanidad se mide por la relación con quienes sufren: el hambriento, el enfermo, el extranjero… y también el preso.

La segunda referencia pertenece al marco jurídico que organiza nuestra convivencia: el artículo 25.2 de la Constitución española, cuando establece que las penas privativas de libertad deben orientarse hacia la reeducación y la reinserción social.

Son dos textos muy distintos en su naturaleza (uno evangélico, otro constitucional), pero ambos coinciden en algo fundamental: recuerdan que incluso dentro del sistema penal la persona no desaparece detrás del delito.

Por eso, cuando hablamos del Eje 25, no estamos utilizando una metáfora.

Estamos señalando un punto de encuentro entre una intuición ética profunda y un mandato jurídico claro.

El desafío consiste en algo mucho más concreto: hacer que esa orientación no se quede en una formulación normativa o en una referencia moral abstracta, sino que encuentre caminos reales en la vida de las personas que atraviesan el sistema penitenciario.

Y para que eso ocurra no bastan las declaraciones de principios.

Hace falta conocimiento.
Hace falta método.
Hace falta cooperación.


Un espacio de colaboración

El Programa Tres Pilares nace de la colaboración entre la Delegación de Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Coria-Cáceres y la Asociación eScis.

Cada una de estas realidades aporta su propia trayectoria y su propia sensibilidad. Pero el proyecto intenta situarse en un punto concreto: allí donde el acompañamiento humano, el conocimiento criminológico y la responsabilidad institucional pueden encontrarse.

La Clínica Criminológica, que ahora empieza a desarrollarse con la Universidad de Extremadura, quiere ser precisamente un espacio de ese tipo.

Un lugar donde estudiantes, profesionales y personas implicadas en la intervención penitenciaria puedan analizar situaciones reales, contrastar enfoques y aprender a intervenir con prudencia.

Como no puede ser de otra manera, cada institución conservaremos nuestra identidad y nuestro propio marco de actuación.

La Universidad de Extremadura aporta el rigor académico y el espacio de investigación y formación que le es propio.

El Programa Tres Pilares (Delegación de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Coria-Cáceres y la Asociación eScis) como  entidades sociales comprometidas aporta experiencia práctica y conocimiento del terreno.

Lo importante es que ese encuentro se produzca desde el respeto mutuo y la voluntad de cooperación.

Porque el objetivo común es claro: contribuir, en la medida de lo posible, a que ese mandato constitucional de reinserción deje de ser una fórmula jurídica y se convierta en algo real.


Rostros, no expedientes

Cuando se habla de prisión desde fuera es fácil quedarse en las categorías jurídicas: delito, condena, clasificación penitenciaria.

Pero quien entra en un centro penitenciario descubre pronto que esa realidad tiene otro nombre mucho más sencillo.

Personas.

El interno que cumple condena.
La familia que vive también su propia forma de condena silenciosa.
Quien sale en libertad y se enfrenta a la dificultad de empezar de nuevo.
Quien intenta sostenerse en el equilibrio frágil del régimen abierto o de la libertad condicional.

Y también las víctimas.

Porque detrás de cada delito hay una persona (o varias) que han sufrido el daño causado.

Personas cuya vida ha quedado marcada por una experiencia de violencia, pérdida o injusticia que no desaparece simplemente porque el sistema penal haya dictado una sentencia.

Por eso la realidad penal no puede entenderse como una historia de una sola cara.

Es una trama humana compleja donde aparecen responsabilidades, daños, heridas y, en algunos casos, también la posibilidad de reparación.

Comprender esa complejidad es la primera condición para no equivocarse en el modo de intervenir.

Precisamente por eso, uno de los horizontes de trabajo que queremos explorar a medio y largo plazo dentro del Programa Tres Pilares es el desarrollo de espacios de mediación penal y justicia restaurativa, donde sea posible abrir caminos de reconocimiento del daño, responsabilidad personal y eventual reparación.

No es un camino sencillo ni aplicable a todas las situaciones, pero sí un ámbito que está despertando cada vez más interés en el debate jurídico y criminológico actual.

De hecho, la justicia restaurativa y la mediación penal fueron el eje central de las recientes Jornadas Jurídicas de Pastoral Penitenciaria organizadas por la Conferencia Episcopal Española, celebradas la semana pasada en Madrid y en las que tuvimos ocasión de participar.

Aquellas jornadas recordaban algo importante: hablar de reinserción no significa olvidar a las víctimas. Al contrario, significa buscar caminos donde la justicia pueda integrar (cuando sea posible) responsabilidad, reparación y reconstrucción social.

Y para avanzar en esa dirección hay una condición previa que aparece siempre en el mismo punto: comprender bien la realidad.


“Si conocieras…”

El Evangelio que se proclama en el tercer domingo de Cuaresma contiene una escena que ayuda a entender bien esta cuestión.

En el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana aparece una frase que merece ser leída con calma:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “dame de beber”…»
(Jn 4,10)

La frase comienza con una condición: si conocieras.

La mujer ve simplemente a un hombre cansado sentado junto al pozo. No alcanza todavía a comprender lo que está ocurriendo.

Le falta conocimiento.

Y algo parecido sucede muchas veces cuando se habla de la realidad penitenciaria desde fuera.

Se ven los muros.
Se ve el delito.
Se ve la condena.

Pero rara vez se comprende todo lo que hay detrás.


Comprender antes de intervenir

La experiencia muestra que las trayectorias que terminan en prisión rara vez se explican por una sola causa.

Aparecen años de exclusión social.
Consumo de drogas que empezó demasiado pronto.
Fracaso escolar, pobreza, enfermedad mental.
Violencia aprendida en entornos familiares difíciles.

Historias donde se mezclan responsabilidad personal y fragilidades acumuladas durante mucho tiempo.

Reducir todo eso a una explicación rápida no solo es injusto.

Es también poco útil.

Porque si no comprendemos bien lo que ocurre, difícilmente podremos acompañar procesos reales de reconstrucción personal.


Criminología: conocimiento para intervenir

Aquí aparece una cuestión que conviene señalar con claridad.

La realidad penitenciaria no puede abordarse únicamente desde intuiciones o respuestas fragmentadas. Es un ámbito complejo que exige lectura rigurosa de las causas, análisis de los contextos y capacidad para diseñar intervenciones eficaces.

Y en ese punto la Criminología tiene mucho que aportar.

No se trata de una disciplina emergente. Es una ciencia madura, con una sólida tradición internacional de investigación sobre delito, sistema penal y procesos de reinserción.

Sin embargo, en nuestro país sigue pendiente un paso importante: su reconocimiento institucional y profesional pleno.

Desde Tres Pilares llevamos tiempo insistiendo en algo que creemos evidente: la Criminología puede desempeñar un papel central en el ámbito penitenciario, no como disciplina aislada, sino como espacio de análisis e intervención capaz de integrar y coordinar el trabajo con otras áreas.

El Derecho aporta el marco normativo.
La Psicología ayuda a comprender procesos individuales.
El Trabajo Social y la Educación Social acompañan los itinerarios de integración.

La Criminología, por su propia naturaleza interdisciplinar, permite articular esas miradas y orientarlas hacia una comprensión global del fenómeno delictivo y de los procesos reales de reinserción.


Aprender haciendo

La Clínica Criminológica que comenzamos ahora con la Universidad de Extremadura quiere ser también un pequeño laboratorio de ese enfoque.

Un espacio donde estudiantes interesados puedan acercarse a situaciones reales, analizar casos concretos y aprender a aplicar las herramientas que la Criminología ofrece para comprender mejor lo que ocurre dentro y fuera del sistema penitenciario.

No se trata de ejercicios académicos abstractos.

Se trata de algo más sencillo y más exigente: aprender a mirar la realidad con rigor y responsabilidad.

Y también de poner en valor algo que esta semana se percibía claramente en el aula: que hay una nueva generación de estudiantes con formación sólida, con vocación de servicio público y con ganas de demostrar que su trabajo puede aportar soluciones serias a problemas que nuestra sociedad lleva demasiado tiempo afrontando con respuestas parciales.


Una verdad que necesita ser investigada

El lema de la Asociación eScis resume bien esta intuición con una fórmula breve:

“Tu scis veritate cum bene investigate.”

Podríamos traducirlo de forma aproximada así: Conoces la verdad cuando has investigado bien.

Las realidades humanas complejas (como las que encontramos en prisión) no se comprenden con miradas rápidas ni con diagnósticos improvisados.

Necesitan ser investigadas, pensadas y comprendidas con rigor.


El encuentro y el conocimiento

Volver entonces a la escena del pozo ayuda a entender algo importante.

Jesús comienza con una petición sencilla:

«Dame de beber.»

Es el inicio del encuentro.

Pero inmediatamente introduce la cuestión del conocimiento:

«Si conocieras…»

En esas dos frases aparecen dos dimensiones que no deberían separarse nunca.

El encuentro humano
y el conocimiento profundo de la realidad.


Hacer posible el Eje 25

Tal vez ahí se encuentra también el sentido último de iniciativas como la Clínica Criminológica o el propio Programa Tres Pilares.

No se trata de construir grandes discursos.

Se trata de algo más concreto: contribuir, desde distintos ámbitos, a que el Eje 25 (la mirada humana que recoge Mateo 25 y el mandato constitucional de reinserción del artículo 25.2) pueda encontrar caminos reales.

Eso exige instituciones que cooperen.
Universidad que investigue y forme.
Profesionales que intervengan con método.
Voluntariado que acompañe con responsabilidad.

Y exige también algo que no siempre resulta fácil: comprender antes de actuar.

Porque cuando el conocimiento y el encuentro caminan juntos, incluso en los lugares más difíciles, la posibilidad de volver a empezar deja de ser una idea abstracta.

Empieza, poco a poco, a convertirse en una realidad.