Desde Dentro, 26 de enero 2026 - El Naufragio de la Razón

Publicado el 26 de enero de 2026, 0:00

El Naufragio De La Razón Y Nuestra Misión En La Cárcel

Desde Dentro - lunes, 26 de enero 2026

La Crónica de un Descarrilamiento Anunciado: Entre la Técnica Asfixiada y la Misericordia Veraz

Tras las noticias de los recientes accidentes ferroviarios, con un saldo de dolor y 46 vidas truncadas, no podemos sino convenir que no es un suceso ajeno a nuestra realidad penitenciaria.

Este accidente es, en esencia, la misma tragedia bajo un ropaje distinto. Un tren descarrila cuando las vías se descuidan; un sistema de justicia descarrila cuando se ignora la evidencia científica para abrazar el oportunismo político. Ambos son fallos sistémicos donde el factor humano técnico ha sido silenciado por la sordera administrativa. Ambos sucesos causan dolor, pérdida de vidas y pérdida de confianza en el Sistema.

El Rigor Criminológico: Una Ciencia al Servicio de la Persona

Desde la Criminología científica, sostenemos que la seguridad no es la simple y fortuita ausencia de incidentes; la seguridad se configura, en esencia, como una gestión proactiva del riesgo. Lo ocurrido en el reciente accidente ferroviario de Adamuz es el espejo trágico de esta realidad: un sistema no falla solo en el momento del impacto, sino mucho antes, cuando la desidia política decide ignorar las señales de fatiga de los materiales y las alertas de los técnicos.

En el sistema penitenciario, el diagnóstico es idéntico. Confirmamos que la institución "hace aguas" porque se ha sustituido la Individualización Científica —el estudio detallado de cada ser humano— por una Estandarización Burocrática aséptica y ciega. Al igual que en Adamuz, donde se pudo haber confundido el "cumplir expedientes" con el "mantener la seguridad de las vías", la administración penitenciaria confunde el orden en los archivos con el éxito en la reinserción.

  • La marginación del criminólogo, profesional de una ciencia autónoma y multidisciplinar del comportamiento, no es un error de gestión, es una forma más de despreocupación y desidia institucional. Es el equivalente a permitir que un tren circule a alta velocidad habiendo silenciado previamente a los ingenieros que avisaron del fallo estructural.

  • Sin un análisis dinámico de la desistencia y la reincidencia, la prisión deja de ser un espacio de oportunidad y transformación para convertirse en un almacén de personas. Esta "logística del olvido" es el resultado de una política que prefiere la inactividad cómoda antes que la decisión valiente basada en el conocimiento.

La ciencia no es un lujo ni un capricho académico, sino el respeto mínimo que se le debe a la verdad y a la dignidad de quienes habitan y trabajan en un recinto penitenciario o toman con frecuencia un tren, suben a un autobús o circulan por una carretera.

Desde el humanismo cristiano, entendemos y denunciamos la desidia como una falta grave de caridad: ignorar la preparación técnica para gestionar vidas humanas es despreciar el valor sagrado de la persona.

Si en Ademuz la desidia segó vidas físicas, en nuestras cárceles la falta de rigor científico está segando la esperanza de redención de miles de hermanos presos.

La Administración de la Opacidad frente al Espíritu de Verdad

La dirección política, al no incorporar profesionales con una formación específica en la ciencia del control social, ha levantado un muro de "palos en las ruedas" que asfixia el criterio técnico. Es la administración de la defensiva: una gestión que legisla para el titular de prensa y el control del escándalo, olvidando que su fin último es la transformación del hombre. Olvidando sistemáticamente que el fin de la pena es la Reinserción y que su obligación es no dejar que descarrilen vidas en la dureza de la reclusión.

Esta actitud guarda un paralelismo doloroso con la desidia de Adamuz: en aquellas vías se ignoraron las señales de fatiga en la infraestructura por una gestión miope, en las cárceles se ignora la fatiga del sistema penitenciario y se permite una maquinaria que no arregla caminos, vías ni equipaciones vitales, sino que tritura personalidades, rompe esquemas vitales y destroza vínculos.

  • La Inactividad como Negligencia: El "no tomar decisiones" no es una pausa neutral; más bien lo debemos considerar una grave omisión deliberada que atenta contra el prójimo. Al igual que un tren que se encamina al desastre por falta de supervisión en las vías, un sistema que no decide es un sistema que no cuida, y lo que no se cuida, acaba por destruir y destruirse.

  • La Ilegalidad del Procedimiento: Cuando la norma se retuerce para acomodar agendas políticas o para ocultar la falta de preparación, se traiciona el mandamiento sagrado de la justicia. No puede existir perdón ni misericordia auténtica sin una verdad jurídica que la sustente. La arbitrariedad es el mayor enemigo de la caridad.

La Liturgia del Cambio: Jonás, Pablo y el Llamado al Liderazgo Técnico

Los textos del pasado domingo actúan como un espejo denunciador de esta crisis:

  • El Grito de Jonás: Como los funcionarios (también marginados, ninguneados y no pocas veces tratados con desdén por los gestores políticos) y criminólogos que hoy claman por el sentido común, Jonás advirtió a Nínive del desastre inminente. La advertencia técnica en Adamuz fue desoída, y hoy la advertencia técnica en nuestras prisiones corre la misma suerte. Si el sistema no se convierte a la verdad técnica y ética, colapsará bajo el peso de su propia ineficiencia.

  • La Urgencia de Pablo: "El tiempo apremia". En la gestión de vidas humanas, el aplazamiento es una falta de amor. No hay espacio para más "procesos de inactividad" que solo sirven para maquillar la desidia. Cada día que el sistema funciona sin el rigor científico del criminólogo, es un día que fallamos en nuestra misión humanista de reintegrar al hermano.

  • Las Redes de Marcos: Jesús no llama a los pescadores para que olviden su oficio, sino para que lo eleven. El funcionario y el criminólogo no deben ser piezas en un tablero de ajedrez político; son agentes de misericordia profesional. Su labor de reparar vidas rotas requiere el pulso firme del corazón cristiano, pero también el bisturí preciso de la ciencia.

La Misericordia no es Impunidad, es Excelencia

El espíritu cristiano nos enseña que el perdón sin transformación es un eco vacío. Un sistema penitenciario que se pretenda humano y cristiano debe alejarse de la desidia de Adamuz para abrazar la excelencia:

  • Reconocer la falta: Una administración honesta no oculta el error bajo el "asfalto político". La verdad sobre las deficiencias del sistema es el único punto de partida para la sanación.

  • Valorar al experto: Amar al prójimo en la esfera pública se traduce en un trabajo bien hecho. Respetar al criminólogo y al técnico es respetar la dignidad de quien está bajo su custodia. La excelencia profesional es, en sí misma, un acto de amor y respeto.

  • Protege al trabajador: El profesional que hoy "asiente en silencio" es una víctima de la misma desidia que el interno. Necesita ser rescatado de su asfixia administrativa para volver a ser luz en la oscuridad de la celda.

Reflexión Final

Si el sistema "hace aguas" y los trenes descarrilan, es porque hemos olvidado que la gestión de lo público es una forma sagrada de servicio al hombre. La Criminología nos aporta las herramientas diagnósticas para evitar el desastre; la Misericordia nos otorga el propósito para seguir adelante. Un sistema que desprecia a sus técnicos para ensalzar a burócratas sin alma ha perdido su brújula moral, convirtiéndose en lo que dice el propio San Pablo: "...no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde." (1ª Cor 13, 1)

La verdadera reforma no nacerá de una nueva orden ministerial dictada desde el desconocimiento, sino de la humildad de los dirigentes para reconocer que la ciencia es el camino más corto hacia la justicia verdadera. El respeto absoluto a la verdad técnica es la mayor forma de amor que el Estado puede ofrecer a sus ciudadanos.

 

"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8, 32).

Y solo la verdad profesional, libre de desidia y opacidad, podrá liberar al sistema penitenciario de su actual y peligroso naufragio.

     

    Oración por la Verdad y el Consuelo

    Señor de la Vida y Fuente de toda Verdad,

    Nuestra oración se dirige en especial estos días, conmovida, ante las víctimas del accidente de Adamuz.

    Te pedimos por su descanso y por el consuelo de sus familias; que su dolor no caiga en el olvido de los despachos, sino que sea el motor que transforme las políticas públicas.

    Danos la esperanza de ver un cambio real, donde la responsabilidad y el rigor técnico venzan a la desidia, evitando que la negligencia vuelva a segar vidas en nuestras vías.

    Te pedimos con fuerza por el mundo penitenciario, nuestra "Nínive" de cada día:

    • Por los internos, nuestros hermanos, para que en medio de la despersonalización y el olvido, nunca pierdan la esperanza de una redención auténtica y una oportunidad real.

    • Por los funcionarios y profesionales, hombres y mujeres de vocación inquebrantable, que defienden su profesionalidad frente a la inactividad y los obstáculos; que no se sientan solos en su entrega diaria.

    • Por nosotros, los voluntarios (profesionales del saber o servidores del corazón), para que seamos ese puente de parresia y caridad que denuncie la injusticia y anuncie Tu Reino.

    Infunde en quienes nos dirigen la humildad de escuchar a la ciencia y la sabiduría de cuidar a la persona.

    Que la esperanza sea el hilo que una nuestros corazones, sane nuestras heridas y convierta este sistema, que hoy "hace aguas", en un cauce de justicia verdadera y paz.

    Porque solo la Verdad nos hará libres. Amén.