Desde Dentro, 12 de enero 2026 - Éste Es Mi Hijo Muy Amado

Publicado el 12 de enero de 2026, 10:54

Éste Es Mi Hijo Muy Amado

Desde Dentro - lunes, 12 de enero 2026

Del NIS al Nombre: La Revolución de la Identidad en el Corazón de la Cárcel

Ayer, domingo 11 de enero de 2026, celebramos el Bautismo del Señor. El Evangelio de Mateo nos llevó a la orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando y donde Jesús se somete a un rito de purificación que no necesitaba. Se mezcló con los que buscaban una oportunidad y lo hizo con disciplina, esperando su turno.

Fue en ese escenario, donde se escucha una voz que removió todo:

«Este es mi Hijo muy amado»

Para nosotros, que todas las semanas del año superamos rastrillos, módulos y galerías, esta frase no es solo un dogma; para nosotros y para nuestros hermanos presos es una poderosa herramienta de liberación.

El choque entre dos mundos

En la cárcel, todo son rutinas, ciclos cerrados, normas… y amenazas de castigo si no se cumplen; todo obedece a ciclos cerrados. La administración, por necesidades (más o menos legítimas, más o menos justas, más o menos eficaces, cuando no arbitrarias) de control, reglamenta tiempos, espacios, soledades, comidas, rutinas y hasta la identidad. Allí, la persona corre un riesgo más que cierto y posible de hundirse y desaparecer tras un NIS.

El sistema no pregunta quién eres, sino qué hiciste; no busca tu nombre, sino tu expediente. Como recientemente nos recordaba Manuela Carmena, los jueces ya no solo no suelen dar la mano al detenido, al acusado, al juzgado, sino que tampoco desean saber el “PORQUÉ” que jamás justifica pero si puede explicar un delito, una agresión, un robo, una violación… un crimen. El sistema penal solo desea saber el cómo, el cuándo, el qué y aplicarte varios números que llevan a muchos a ese NIS despersonalizador; solo se preocupan de buscar el artículo del Código Penal, aplicar la LeCrim y entregar cuanto antes al sistema penitenciario al condenado. Es una estructura que, a menudo sin quererlo (aunque no solo), despersonaliza, deshumaniza y convierte la vida en un engranaje inamovible de rutinas.

Sin embargo, el Evangelio de de ayer entra de lleno en ese ciclo cerrado con una fuerza rebelde, cargada de subversión. Dios Padre no desciende sobre Jesús para asignarle un código de régimen interno, un número de chabolo, una carpeta de color rosa, amarilla o azul y tampoco un NIS, un número de registro. Dios se comunica con nosotros para confirmar la identidad auténtica de Jesús:

«Tú eres mi Hijo»

Iniciar la "Vida Pública" entre rejas

En este punto medito sobre las veces que pienso, pensamos, que la verdadera vida del interno comenzará el día que firme su libertad. Pero cuando releo o me deleito con las palabras de este pasaje del Evangelio, descubro que el Bautismo de Jesús nos enseña que la misión comienza aquí y ahora, en el Jordán de cada patio, de cada módulo, de cada taller.

Un interno comienza su "vida pública" (a imagen de Jesús, comenzado a dar su testimonio del Reino) cuando decide que su NIS no tiene la última palabra sobre él.

Cuando hace suyo esa frase y se reconoce "Hijo amado", su forma de mirar al compañero cambia.

Y lo puede hacer porque el Evangelio no le impone una regla penitenciaria, una orden administrativa ni una sanción penal, sino que le indica un camino de vida. Pero difundir el Evangelio encerrado en prisión no es necesariamente dar sermones ni bañarse en agua bendita; es recuperar el nombre propio del hermano, es negarse a que la deshumanización del entorno apague la dignidad que Dios le otorgó.

Nuestra misión como Voluntarios de "Spes"

¿Y nosotros, qué? Los voluntarios, los hermanos libres de los hermanos presos, estamos llamados a ser un altavoz, un eco vivo de la voz de Dios Padre en ese lugar que solo sabe pronunciar números y cerrar puertas. Una forma práctica de hacer esto palpable también está en la Biblia:

  1. Ser profetas del nombre: Nuestra primera tarea es llamar a cada persona por su nombre, recordar sus confidencias personales y preguntarle por ellas. En ese gesto sencillo, rompemos el ciclo cerrado de la administración y abrimos una brecha de cielo.
  2. Nosotros no damos órdenes, sino que proponemos caminos: Mientras la prisión regula y obliga, nosotros acompañamos sin imponer sino proponer. No estamos allí para meter más presión añadiendo más normas, más reglas y mucho menos sanciones. Estamos para ayudar al interno a descubrir que, incluso en el encierro, él es soberano de su libertad interior.
  3. Sostener el espejo de la dignidad: Ayudamos al interno en su misión cuando le recordamos que su definición como persona no se impone por el error que cometió, sino que es y será el "Hijo amado" que Dios sigue viendo en él.

Conclusión: La Esperanza que no defrauda

Seguimos dejando que la Esperanza aprendida, peregrinada, vivida en su Año Jubilar recién clausurado, nos impregne con una enseñanza clara que seguiremos aplicando dentro de la cárcel: la esperanza no es una espera pasiva, sino una acción transformadora.

Que sigamos cruzando esos cerrojos con la certeza de que no llevamos algo nuestro, sino que vamos a devolver algo que les pertenece: su identidad de hijos de Dios y  que cada encuentro con un hermano preso, sea un signo nuevo de  "bautismo" donde el interno sienta que, a pesar de los muros, los cerrojos y las concertinas, el cielo sigue abierto para él.

Hagamos que en cada prisión, el NIS retroceda para que el Nombre y la Vida vuelvan a brillar.